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En El Zanjón, Carapita, a los líderes opositores sólo los ven por televisión. Y eso cuando hay campaña electoral.
Desde ese olvidado barrio, Víctor Lugo se queja de la nula presencia de la oposición: 'Yo mismo voté por el No, pero es muy difícil tener algún estímulo cuando tú no ves organización alguna. Y que no me digan que les arrancan los carteles: aquí, simplemente, jamás vino nadie que no fuera del Gobierno a pegar o guindar nada'.
En los barrios más desamparados de la capital la presencia del chavismo fue contundente en las urnas (alrededor de 70%), pero lo fue más aun en sus paredes y postes: las zonas marginales están forradas con propaganda a favor del Sí; en contraste, el No brilla por su ausencia.
Blas Manuel Rodríguez, habitante de Catia, dice que campaña tras campaña se comete el mismo error: 'Parece que no les preocupara llegar hasta acá, no sé qué ganan poniendo carteles en la Francisco de Miranda y en sectores que ya tienen ganados con facilidad. Aquí está la gente que puede cambiar la inclinación de la balanza'.
Algunos se quejan de que en muchas ocasiones el oficialismo arranca la propaganda de sus contrarios: en la calle Cajigal del barrio San Andrés, Blas Enrique fue corrido a tiros cuando el miércoles 11 intentaba colocar unos pendones del No, y Juan Carlos Caldera, encargado del municipio Sucre por Primero Justicia, dice que en La Bombilla, barrio que recorrió dos veces durante la campaña, los afiches que colocaba duraban máximo 48 horas.
Aunque reconoce que esto sucede, y denuncia de paso que los propios camiones de la Corporación de Servicios Municipales de la Alcaldía de Libertador eran utilizados para remover propaganda opositora, el director de ProCatia, José Quintero, cree que, en vez de buscar excusas, a la oposición le urge crear algún tipo de organización en las zonas marginales: 'A los estudiantes yo no los vi en Catia haciendo campaña, y el día de la elección no se hizo ningún operativo para llevar a la gente a votar. Nosotros hicimos algunas cosas en Ruperto Lugo, Los Frailes y La Silsa, pero hay zonas más alejadas como Gramoven y Nuevo Horizonte que fueron olvidadas por la oposición'.
Sin estructura partidista Para Jesús Torrealba, coordinador de la Asociación Civil Radar de los Barrios, este entramado social que tiene que crear la oposición debe tener alguna utilidad social que trascienda la época de elecciones.
Para él no tiene sentido que quienes adversan al Gobierno intenten competir contra el Estado desde la condición de maquinaria electoral, porque ahí siempre saldrán con las tablas en la cabeza por la descomunal desproporción de recursos. No se trata de que en campañas electorales suban unos extraños al barrio a pegar afiches, sino de un trabajo sostenido con la gente de las comunidades.
Torrealba ha observado que cinco cuadras más arriba de la avenida desaparece cualquier referencia visual de ningún partido. Sólo queda la presencia del Estado, representada por algún módulo de Barrio Adentro o algún comedor popular, pero de activismo político nada de nada: los batallones del PSUV están compuestos por más de 500 personas y a las reuniones no asisten ni 25 en promedio, y el caso de la oposición es aun más dramático: 'Hay mucha gente opositora, pero se descorazona porque no ve a ninguno de sus dirigentes por ahí'.
A pesar de los pesares, Caldera quiere dejar claro que hay una excepción, y recuerda que el hoy alcalde de Sucre, Carlos Ocariz, tiene muchísimos años haciendo trabajo social en los barrios del municipio, y que eso le permitió ganar la Alcaldía.
Pero en esta historia, Ocariz sería la excepción que confirma la regla, el palo que no hace montaña. Ganar presencia en los barrios es el principal punto que la oposición debe tener hoy en su agenda. Es su propia sobrevivencia lo que está en juego.
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| Fecha publicada: 22/02/2009 Fuente: El Universal Tema: politica
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