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En el transcurso de los pasados 10 años, Venezuela ha evolucionado de un papel internacional pasivo a un creciente activismo geopolítico. Por iniciativa de un gobernante autoritario y dogmático, ansioso de revolucionar no sólo al país sino al mundo, nos hemos convertido en cabeza de un bloque que compite con otros centros de poder en una suerte de 'Gran juego' por el control estratégico de América Latina.
'Gran juego' (Great game) es el término, inventado por el agente secreto británico Arthur Connolly y popularizado por el insigne escritor Rudyard Kipling, para designar la larga rivalidad diplomática y a ratos militar, llena de emocionantes episodios de acción e intriga, de los imperios ruso y británico por el control de Asia Central a partir del Tratado Ruso-Persa de 1813. A mediados del siglo XX, Estados Unidos reemplazó a Inglaterra como el 'gran jugador' occidental, continuador de la misma pugna por el dominio del heartland geoestratégico del mundo.
Menos vital quizás, pero no por ello despreciable, es el 'gran juego' o la 'guerra fría' (término propuesto por Enrique Krauze y nosotros) que ha comenzado a desenvolverse en la región latinoamericana, en buena parte por iniciativa del Gobierno venezolano. Sin que algunos de los actores parezcan darse plena cuenta de su posición, se ha puesto en marcha sobre todo a partir del estallido de la crisis hondureña un enfrentamiento hemisférico entre un bloque liberal (en los sentidos económico y político) integrado por Estados Unidos, México, Colombia y Perú, y otro de vocación totalitaria y expansionista formado por los países del ALBA, con Venezuela a la cabeza.
La gravedad de esta confrontación entre dos bloques americanos antagónicos podría ser atenuada, eventualmente, por la actuación diplomática y política de un tercer polo, constituido por gobiernos latinoamericanos de tendencia socialdemócrata, deseosos de trazar para la región un camino de evolutiva emancipación de la tradicional hegemonía norteña, y de reformas sociales importantes, en el marco de la democracia representativa y manteniendo abiertas las puertas de todos los diálogos. Si este tercer polo obviamente conducido por Brasil en su doble condición de imperio emergente y de modelo de izquierda democrática abandonase sus coqueterías y complacencias con el ALBA y presionase a éste a moderar su conducta, sin dejar de discrepar del paradigma neoliberal, podría jugar un extraordinario papel histórico como auténtico vocero de aspiraciones populares latinoamericanas.
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| Fecha publicada: 19/08/2009 Fuente: El Nacional Tema: politica
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