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En Venezuela hay la creencia generalizada de que la aparición del petróleo acabó con la agricultura. Carlos Machado Allison docente, investigador y consultor desmonta éste y otros mitos sobre esa actividad primaria en La alternativa agrícola, título que inaugura una colección de publicaciones auspiciada por la Editorial Libros Marcados y Tal- Cual.
Machado Allison reveló que siguiendo el espíritu que anima la colección, que es abordar los grandes problemas del país en textos de fácil lectura La alternativa agrí- cola hace un breve diagnóstico de lo que ha ocurrido con esta actividad, desmonta los mitos que el país se ha construido sobre ella y presenta opciones que puedan ser debatidas por todos los sectores.
¿Cuáles son los mitos que usted desmonta? El más conocido es que el petróleo acabó con la agricultura. Eso es falso. El crudo le permitió a quienes gobernaron entre 1930 y 1980 construir un país bien distinto al que existía antes. La siembra del petróleo, que sí se hizo, permitió a Venezuela tener una agricultura moderna, con una infraestructura vial y de riego importante. El gobierno promovió programas de mecanización, utilización de fertilizantes y semillas certificadas. El país comenzó a tener agroindustria. Es decir, que la producción primaria podía surtir grandes fábricas procesadoras de alimentos, que es la única manera de llegar con eficiencia al consumidor urbano. Porque éste no puede ir de finca en finca comprando tomates aquí y yucas allá. Es un tema de costo de oportunidad: no puedes gastar más energía buscando la comida que la energía que la comida te da.
En Venezuela surgieron, entre 1950 y 1980, empresas muy importantes en materia de alimentos, lo cual requiere una agricultura organizada. Porque uno no puede concebir las grandes fábricas de harina precocida sin un suministro permanente de la materia prima, que es el maíz blanco venezolano, y sin una red de distribución, que son los supermercados y otros puntos de venta. Esos ensambles se construyeron durante ese pe ríodo. Todo eso es producto del desarrollo petrolero.
Si el petróleo no acabó con la actividad agrícola, ¿entonces cuál es el problema del sector? Uno de los problemas es la fragilidad de los derechos de propiedad. Tanto la reforma agraria del pasado, como la actual, le han negado al pequeño productor el derecho a propiedad. Es un actor temporal que está allí por la buena voluntad del gobierno. Tiene una actitud de transeúnte: no hace planes de largo plazo, no se involucra en la producción sólida con visión de varias generaciones. Está atado a la cosecha actual y cabalga año tras año sobre eso. No se realizan grandes inversiones en la agricultura porque no hay garantías sobre la propiedad. Los países de América Latina que tienen en este momento una explosión agrícola extraordinaria han garantizado el derecho de propiedad a los productores. Las reformas que hizo México en 1992 permitieron que el país pasase de exportar 1.000 millones a 14.000 millones de dólares anuales. Brasil, aunque esto le haya generado al presidente Lula un conflicto con el Movimiento Sin Tierra, le ha dado garantías sobre la propiedad a sus productores y ha pasado de 15.000 a 42.000 millones de dólares en exportaciones en los últimos años.
¿Qué otras diferencias existen entre la agricultura venezolana y la de países como Brasil o México? Allá los productores sienten el apoyo del gobierno detrás de ellos, en el sentido de que se mejora la vialidad, se construyen centros de acopio, los almacenes portuarios refrigerados son importantes. Uno va a Bogotá y ve la fila de aviones despegando con flores, que es un producto de valor agregado importante. Existe una infraestructura provista por el gobierno para que los productores de flores puedan llegar al mercado internacional.
Igual ocurre con el café colombiano. La soya en Argentina y Brasil es un imperio. Las refinerías de aceite de esos países son mucho más grandes que las de petróleo. Y ellos utilizan soya genéticamente modificada.
Pero aquí están prohibidos los cultivos transgénicos...
El presidente Chávez ha dicho que no, porque responde mucho a grupos ecologistas. Pero, te habló con propiedad porque tengo un PHD en ecología, ya hay evidencia de que este tipo de cultivo no es nocivo de ninguna manera. Tanto, que nosotros consumimos aceite producto de soya transgénica, pero no tenemos la visión de permitir que aquí se siembre. En el mundo hay más de 100 millones de hectáreas sembradas de maíz y soya transgénicos. En pocos años no habrá en el mercado internacional semillas que no sean de este tipo.
El maíz transgénico consiste en algo muy sencillo: introducir un gen que genera resistencia al ataque de insectos. Eso reduce notablemente el uso de plagicidas, lo cual no sólo es favorable para el ambiente sino que también aumenta la rentabilidad, porque dejas de gastar en un insumo que cuesta mucho y obtienes la misma producción. Al reducir costos, puedes ser más competitivo a nivel internacional. Pero esas cosas no las estamos haciendo.
¿Hasta dónde puede llegar la agricultura venezolana siguiendo el ejemplo de otros países? Hay un mundo de oportunidades para el país. Es cierto que la dureza de nuestra moneda genera una barrera a la exportación de commodities, pero no a la venta de productos con valor agregado. Hay un ejemplo muy claro: tenemos el mejor cacao del mundo. La producción es muy pequeña, 15.000 toneladas al año, pero tiene gran calidad. ¿Cuál debería ser la estrategia? Invitar a las empresas belgas, francesas e italianas que producen chocolate de altísima calidad a establecerse en Venezuela. Utilizar cacao nacional, aumentar la producción del rubro con una estrategia de largo plazo (no la visión conuquera que existe en la actualidad) y darles derecho de propiedad a los productores.
¿Quién ha hecho eso? Uno de nuestros socios del ALBA, Ecuador, llamó a Ferrero. Ellos usan cacao aromático venezolano, cacao ecuatoriano y hacen esos bombones Ferrero Rocher que son excelentes. Eso fue posible porque algún gobernante de Ecuador tuvo esa visión de salir al mercado internacional con un producto de alto valor agregado. Nosotros podríamos hacer lo mismo.
¿Cuáles otros productos se pueden exportar? Los cambures que sembramos aquí son los mismos de América Central, pero simplemente no tenemos un manejo poscosecha adecuado para poder exportarlos.
Igualmente tenemos una galletería extraordinaria. El pastificio venezolano, por otra parte, es comparable al italiano. Que no me vengan con cuentos mis amigos italianos de que la pasta importada de allá es mejor. La pasta de aquí hecha por Polar, Cargill y algunos productores independientes es muy buena. Y Venezuela logró exportarla durante un tiempo. Nuestra cerveza también tiene buena calidad, como las mayonesas, salsas de tomate y otros productos procesados. A mediados de los noventa llegamos a importar 650 millones de dólares en alimentos. Ahora casi todos los países del continente, incluyendo a las islas del Caribe, están por encima de Venezuela en exportaciones agrícolas. Nuestras ventas externas están concentradas en ron, cigarrillos, camarones, algo de cacao y chocolate, además de un poquito de plátanos y melones que son exportaciones de Paraguaná hacia Aruba y Curazao.
¿Hay posibilidades de que sus planteamientos en materia agrícola puedan ser tomados en cuenta por el gobierno actual? Creo que la realidad los hace escuchar. Por ejemplo, el Gobierno cambió su política con respecto a los fundos zamoranos y las cooperativas porque se dieron cuenta que eran un fracaso, una manera de perder mucho dinero. Ahora están concentrados en las empresas de producción social (EPS). Lo que han hecho es buscarse ejecutivos que ya estaban en Pdvsa, que tenía un brazo agrícola en el pasado, y han organizado la producción, lo cual es más razonable. El problema es que estas EPS no conocen el mercado ni les interesa hacerlo, porque mientras su producción sea comprada por Mercal y Pdval no les importa el costo. Eso funcionará mientras haya petrodólares que puedan ser trasladados a esas unidades de producción. Si eso cae, deja de funcionar.
Pero hasta ahora las autoridades no han escuchado mucho a los productores del campo...
El Gobierno a veces escucha y otras no, porque el discurso y la ideología parecieran dominar sobre el sentido común y la lógica.
Entonces el diálogo entre Gobierno, agroindustria, productores y distribuidores es prácticamente inexistente. Las autoridades se concentran en amedrentar y crear reglas absurdas. Por ejemplo, esa de que no se puede trasladar comida de un estado a otro sin que el camión tenga una especie de pasaporte. Todo eso tiene un costo y contribuye a incrementar la inflación.
¿Qué opina sobre la política para sustituir rubros como caña de azúcar por maíz? Una política de cambio de rubro basada en criterios técnicos es correcta, pero el tiempo de ejecución varia entre 10 y 15 años.
Tienes que hacer grandes modificaciones y preservar cosas que son parte del acerbo y del conocimiento histórico. Por ejemplo, en Venezuela nadie sabe cultivar y procesar caña mejor que los productores de los valles de Aragua, porque tienen dos siglos haciéndolo. Lo que el Gobierno debe hacer es, primero ampliar la superficie de cultivar caña en lugares no tradicionales y después proceder a las modificaciones necesarias desde el punto de vista técnico. Hay suelos de los valles de Aragua que son muy fértiles y que pueden ser utilizados para hortalizas. Pero cambiar caña por maíz es una estupidez, porque no somos competitivos en ese rubro. Aquí tenemos un maíz caro, que debemos mantener porque es lo que comemos nosotros, pero no expandir. Eso no tiene sentido. REGRESAR |
| Fecha publicada: 14/09/2009 Fuente: TalCual Tema: petroleo
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