La promulgación de la Ley Orgánica de Procesos Electorales allana el camino para que una mayoría política controle la Asamblea Nacional y, en consecuencia, buena parte de los poderes públicos. Las cosas podrían ser muy parecidas o cambiar dramáticamente, luego de las elecciones legislativas pautadas para 2010. Sin duda, se abre un nuevo juego, cuyos resultados serán decisivos en el futuro inmediato. José Virtuoso, director del Centro Gumilla, sacerdote de la compañía de Jesús e integrante de la organización no gubernamental Ojo Electoral desmonta los grandes dilemas que en forma avasallante o subyacente marcan la dinámica ante los venideros comicios. La ley obliga a subir la apuesta, en una mano donde las minorías serán meros espectadores. 'Por eso se habla del paso de un sistema de representación proporcional a un sistema de representación de mayorías, o incluso, de mayoría simple y llanamente'.
Si el mapa del parlamento no refleja la diversidad política, 'eso tiene enormes consecuencias', afirma Virtuoso, entre otras cosas, porque 'la instancia institucionalizada para dirimir y procesar los conflictos es el parlamento'. Al suprimir la representación, pierde riqueza y 'al entubarlo en una sola fuerza política, aparejada con el Gobierno, controlas, efectivamente, todo el Estado.
La nueva ley garantiza eso.
Hoy se lo puede garantizar al chavismo, pero mañana a una fuerza que lo sustituya'. Sin duda, se trata, de un 'cambio en la concepción institucional del parlamento'. La radiografía electoral de las elecciones de 2008 (gobernadores y alcaldes) muestra una mayoría del chavismo en 18 de los 23 estados que tiene Venezuela. Si el resultado fuese similar en las elecciones legislativas, el chavismo obtendría la mayoría. Se podría dar la circunstancia de que con una votación superior al 50% obtendría 80%, o incluso 90%, de los diputados a la Asamblea Nacional.
El chavismo tiene su tarjeta única y si repite la experiencia de elegir por la base, sus candidatos tendrían legitimidad ¿Qué tiene la oposición?
Diría, por la vía de los hechos, que el único partido que se ha venido preparando en función de esa contienda es el Psuv.
Evidentemente, hay todo un proceso de reconstrucción y aceitamiento de la maquinaria, seleccionando sus candidatos. Si se repite la experiencia pasada, que dio resultados, con una elección por las bases, llevará sus candidatos, digamos, acoplados a su fórmula electoral para cada estado.
¿Resuelta?
Resuelta. La oposición la tiene muy dura, entre otras cosas, porque es un conjunto de partidos minoritarios y las posibilidades de ponerse de acuerdo y de unirse entre ellos son muy difíciles. El espectáculo que vimos en 2008 contribuyó a profundizar el problema político.
Y era mucho más fácil, porque en definitiva era elegir un alcalde, un gobernador. Ahora hay que elegir a cinco o seis candidatos por circunscripción electoral y además habrá que confeccionar una lista, a través de un mecanismo de acuerdo con las bases. ¿El consenso? ¿Las encuestas? Eso no funciona. Tendrá que ser un mecanismo más cónsono con la participación primaria. La oposición la tiene muy cuesta arriba y realmente no se le ve trabajando demasiado en función de eso.
Si no hay un mecanismo de participación, si no hay una boleta electoral digerible, ¿qué cree que puede pasar?
¿Te refieres al Consejo Nacional Electoral?
No. A las fuerzas políticas, porque el chavismo aún ha definido su fórmula.
Creo que hay un problema de ingeniería política. El Psuv la tiene fácil. Es un partido centralizado, con su maquinaria instituida y sus procesos internos. ¿Cuál es el reto del Psuv? Generar unos procesos reales de consulta en la base para que los candidatos que van a proponer tenga el aval de la gente.
Para la oposición, el problema es el siguiente: ¿cuáles son los mecanismos a través de los cuales se preseleccionan los candidatos en medio de tantas fuerzas políticas? ¿Mediante qué acuerdos, reuniones o instancias? ¿Cómo se presenta eso con miras a recibir un aval de las fuerzas políticas y sociales? Y como parte del debate: ¿cuál va a ser el mecanismo de presentación? ¿Una tarjeta única? ¿Una plataforma con los logos de todas las organizaciones? Yo diría que ese sería el paso número tres. El primero es ¿cómo se ponen de acuerdo en un mecanismo para preseleccionar candidatos? Y el segundo: ¿Cuál va a ser el mecanismo para someter eso a consulta? Insisto. El tercer paso, llegado los acuerdos, es ¿cómo vas a presentar a los candidatos? ¿A través de una nueva tarjeta?
Si el problema es de ingeniería política, ¿los pasos uno y dos no deberían estar resueltos? ¿Usted qué cree?
Esa es la discusión política actual. Hace falta un parlamento que sea el espacio de discusión de las fuerzas políticas nacionales. Si hay sectores empeñados en tener presencia ahí para tratar de controlar el ejercicio del Gobierno e influir en el Estado, la primera prioridad es ¿cómo entramos allí? Si realmente es lo que quieres, tienes que jugar con todo lo que estamos diciendo. Es decir, ¿cómo seleccionar una oferta que tenga respaldo? Y para agregar más complejidad: ¿esa oferta debería tener cierta plataforma ideológica y programática común? ¿Qué le vas a ofrecer al electorado para competir con el otro?
El Gobierno tiene su propuesta política, ideológica: el llamado socialismo del siglo XXI, que muchos califican de enunciado, de slogan. ¿Yla oposición que tiene?
Nada. Desgraciadamente, la oposición tiene planteamientos críticos que valen como tales. Es decir, parte de la política es... tú eres Gobierno, tú eres Estado, tú haces unos planteamientos y parte de mi trabajo, como oposición, es analizarlos y con lo que no estoy de acuerdo, criticarlos.
Cuando se dice que la oposición es crítica y reactiva, bueno, parte de su trabajo es ése, de lo contrario no fuera oposición. Tiene que criticar. Lo tiene que hacer con objetividad, con un carácter propositivo, todo lo que quieras. Pero la crítica es crítica y cuando uno no tiene nada alternativo, frente a un proceso de fondo que hay en la sociedad venezolana desde 1998, por el cual Chávez gana las elecciones, que es la búsqueda de un cambio profundo que tiene que ver con la distribución del ingreso, con la búsqueda de mayor equidad, con superar viejas exclusiones.
Los venezolanos quieren una transformación profunda de la sociedad. Eso, además, tomó mucho cuerpo en el contexto latinoamericano. En buena parte, toda la región está en esa búsqueda. Cuando digo que no tiene nada, es que no tiene nada en esa dirección.
Nos gustaría delimitar los problemas a la esfera política, pero en el trasfondo de lo que acaba de plantear se perfilan las aristas de un conflicto social, que no puede calificarse sino de peliagudo y necesita ser debatido con toda crudeza.
Así es. Absolutamente.
¿Por qué eso se evade?
Por eso es que son tan importantes las elecciones parlamentarias. Solamente puede haber discusión de fondo cuando hay distintas perspectivas. Si voy a discutir con todos mis amigos, donde todos pensamos igual y tenemos las mismas ideas, lo más que podemos hacer es quitar una palabra y sustituirla por otra, como son las discusiones actuales en el parlamento.
Para que haya debate tiene que haber institucionalizadas unas reglas de juego y un espacio. Y eso es el parlamento. La diversidad es fundamental. Y uno casi le ruega a Dios que el chavismo haga sus mejores esfuerzos por llevar a sus mejores candidatos, que las bases chavistas sean capaces de elegir a quienes ellos creen que mejor los representan en el parlamento y la oposición haga lo suyo. De tal manera que haya una mejor representación que no sea de una sola fuerza política.
¿Cómo lo hizo la oposición en las elecciones de 2005?
Desgraciadamente. Ahí reivindico el papel de Ojo Electoral, que durante ese año se dedicó a hablar profundamente con todas las fuerzas políticas, especialmente con las opositoras, para que no tomaran el camino de la abstención, fundamentalmente por el daño que se le hacía a la democracia. Años después, ellos han reconocido su terrible error.
Insisto, ¿por qué se evade el conflicto social? El problema social es sumamente grave. La primicia que nos dio el presidente Chávez en la reunión más reciente de gabinete ampliado, donde señaló la crisis de la Misión Barrio Adentro, que tiene más de 2.000 centros de atención abandonados, es algo que se ha advertido desde hace tiempo, ¿pero en qué instancia se discute? Para que eso se ocurra hace falta tener cierta actitud para el debate. En el Gobierno hace falta mucha autocrítica, pero mucha autocrítica de base. El principal deber de un consejo comunal es decir lo que no está funcionando en su comunidad.
Pero no se hace, porque se piensa que con eso se le hace un daño al proceso bolivariano y un favor a la oposición. No. La única manera de que tengamos, realmente, una revolución es que haya autocrítica. Podría decirse algo similar de la oposición. El país necesita debate.
¿Usted cree que hay condiciones para la discusión?
El parlamento es un espacio, no el único, para eso. El otro espacio tiene que ser reivindicar la libertad de los medios. Evidentemente se han cometido errores y barbaridades. Es un tema suficientemente debatido. Lo que tienes que hacer es pedirles a los medios que cumplan ciertas condiciones. Pero hay que garantizar que haya una gran libertad de expresión, porque ése es un canal que tiene la sociedad para debatir. Nos hace falta eso: garantizar la libertad de expresión, garantizar un parlamento diverso y representativo de las fuerzas políticas y garantizar la autocrítica desde las bases.
REGISTRO VERBAL
Dando por hecho de que en Venezuela hay una organización social distinta, cuya complejidad es superior a la que había en 1998, ¿tiene la organización comunitaria la representación política que se merece? Al escuchar este planteamiento, José Virtuoso (sj) director del Centro Gumilla, ubica la raíz de los cambios en la 'profunda movilización popular, que se ha tratado de canalizar, a través de mecanismos que han tenido mayor o menor éxito'. El Estado ha jugado un papel protagónico, un papel importante. Pero parte del problema es que se ha querido 'colonizar esos espacios. No sólo se han promovido, sino que se han tratado de coaptar a favor de determinados intereses políticos'. Los estudios del Centro Gumilla, las aproximaciones a la realidad de las comunidades, confirman 'que la gente es más viva que eso; lo que uno advierte es que la gente sabe jugar su juego' y asume esos espacios, como 'una oportunidad de ser tenidos en cuenta por el Estado; sabe manteniendo su distancia. Si algo ha crecido en los últimos años es la protesta social frente al Gobierno, con una característica muy curiosa, porque la gente protesta diciendo que es chavista, lo que hay que valorar es que la gente sale a la calle y dice sus cosas'. Es a partir de esta realidad, de estas circunstancias, donde la política debería encajar si quiere ganar en representación y vigor de los cambios anhelados por la sociedad venezolana.
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