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¿Vamos a permitir que nos restrinjan el acceso a las páginas web o a los libros que leemos?
Persiste el capricho oficial de controlar absolutamente todos los espacios privados de los venezolanos. No se conforman con disponer del mayor poder que gobierno alguno haya conocido en este siglo, requieren supervisar hasta los tuétanos. Por ello, Conatel insiste en regular el contenido de la programación de los canales de televisión por suscripción, imponiéndole a los que ellos entienden como 'nacionales' las mismas limitaciones diseñadas, únicamente, para la televisión abierta.
Los canales de televisión por suscripción no usan el espectro radioeléctrico, por lo que no hay excusas para que el Gobierno regule esta actividad, pues se trata de un complemento a la televisión abierta que paga cada usuario en la medida de sus posibilidades y gustos, al igual que cuando rentamos una película de DVD. Además, cada sistema dispone de mecanismos que le permiten al suscriptor bloquear la programación que no desea recibir, por lo que no es necesario que el Gobierno nos instruya qué programas son buenos o malos. Por tanto, no es Chávez o Cabello quienes deban decidir qué ven nuestros hijos en la privacidad de nuestros hogares.
Resulta un contrasentido que se pueda ver pornografía a las 3 de la tarde o una crítica aguda de Jaime Bailey, pero se prohíba un beso ardiente en una novela nocturna de RCTV o un programa de Miguel Ángel. Lo que se busca es imponerle la mordaza socialista a los canales que ellos entienden como nacionales, para evitar que los venezolanos se expresen libremente y que sus empresarios tengan éxito aquí y en otras latitudes.
La idea de que podamos ver un juego de fútbol, de pelota o un noticiero independiente, sin interrupciones de cadenas oficiales, es algo que preocupa al Gobierno, pues para éste resulta indispensable que todos los venezolanos tengamos los mismos 'gustos' y obedezcamos con reverencia sacramental. La competencia se considera perniciosa.
Todo gobierno tiene que tener límites en sus caprichos regulatorios, pues no es admisible que nos controlen hasta el pensamiento.
Es importante que se nos dejen espacios libres, ajenos a quienes detentan poder, por ello, la televisión recreativa que pagamos por suscripción debe estar exenta de supervisión estatal. ¿O es que vamos a permitir que nos restrinjan el acceso a las páginas web que visitamos o a los libros que leemos? Suficiente ya existe con el control en el acceso a las divisas, para también tener que tolerar un policía en nuestros cuartos. Basta ya, dedíquense más bien en darnos una mejor alternativa en televisión, en lugar de patrocinar la basura esa de La Hojilla.
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| Fecha publicada: 01/10/2009 Fuente: El Universal Tema: medios
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