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En los últimos cinco años Venezuela se convirtió en el segundo mayor comprador de armas de América Latina, sólo superado por Chile, según las estadísticas del Instituto de Investigación para la Paz Internacional de Estocolmo (Sipri, por sus siglas en inglés). El año pasado estuvo en el tope de la lista.
El último anuncio de la cadena de adquisiciones lo hizo el presidente Hugo Chávez el 13 de septiembre. Recibirá un financiamiento de 2,2 millardos de dólares de Rusia para comprar maquinaria bélica fabricada en ese país: 92 tanques TR72, que serán utilizados en el plan Escudo de Occidente, del cual sólo se conoce el nombre, y sistemas Antey, Buk M2 y Pechora para la defensa antiaérea.
El tema obsesiona a Chávez: en el desfile del 19 de abril pasado presentó en sociedad una unidad del Ejército armada con lanzacohetes rusos portátiles IGLA-S que permiten a un hombre derribar blancos aéreos a 6 kilómetros de altura. Y no se ha desdicho de su intención de comprar un sistema TOR 1 de quinta generación para mantener el cielo libre de amenazas.
Las compras a Rusia, que ya superan 4,5 millardos de dólares sin incluir el último crédito, acaparan los titulares: 100.000 fusiles AK 103; 24 aviones caza Sukhoi Su-30 y 51 helicópteros MI 8, 17, 24 y 26 forman parte de un paquete imposible de soslayar.
Pero no ha sido lo único: en China se adquirieron 14 aviones de entrenamiento K-8 y 10 sistemas de radares; y en España se contrató la construcción de 8 barcos de patrullaje oceánico y de vigilancia costera. Oficialmente, se anunció la intención de adquirir a los rusos mucho más: 5.000 fusiles de francotirador Dragunov; 3 submarinos de la clase Kilo y, como lo adelantó el Presidente hace tres semanas, un sistema de cohetes Smerch presentado originalmente como una defensa antiaérea aunque el fabricante la describe como un equipo de artillería contra objetivos terrestres. Las preguntas sobre el inventario de armamento -que han llevado a concretar acuerdos por más de 8 millardos de dólares- se reformulan con cada anuncio de nuevas transacciones y se estimulan con la retórica presidencial: ¿Contra quién se arma Venezuela? ¿Necesita el país esas armas? ¿Se toman las decisiones correctas?
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