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La más reciente exposición del artista caraqueño Carlos Cruz-Diez, La experiencia sensorial del color, se abrió espacio entre las estrechas calles de Los Chorros, justamente en una de las salas del centro de arte Los Galpones, con la firme intención de 'invitar al visitante a ser coautor de sus obras', asegura la curadora Rina Carvajal.
Luego de atravesar la entrada y evadir las conversas de decenas de almas, es preciso superar la lluvia de flashes de cámaras digitales y los de los respectivos blackberries de los visitantes que pretenden inmortalizarse frente a las creaciones de Cruz-Diez, y especialmente dentro de la que da la bienvenida a la muestra, Duchas de inducción cromática, una obra que data de 1968, pero que fue reconstruida este año -al igual que las otras tres obras- y que, según Carvajal, es la primera vez que se exhibe en Venezuela. Se trata de tres cilindros, suspendidos desde el techo, cubiertos con bandas de plexiglas -fibra translúcida-, una en azul, otra en verde y otra en rojo, que invitan al espectador a introducirse dentro de ellas y sentir, en efecto, un baño pero de luz. En ocasiones ese baño de luz viene de los flashes de cámaras fotográficas y de smartphones de quienes quizá buscan subir ese recuerdo en cualquiera de las redes sociales de la web 2.0. 'Queremos que el visitante sea el protagonista del color, del espacio y de la luz', añade la curadora.
Pero la experiencia sensorial del color continúa de derecha a izquierda. Optando por esta última ruta, equivale a ingresar en un cuarto con luz muy tenue. Allí es imposible no ser cómplice de Ambiente de Cromointerferencias, obra original de 1965, donde un las luces son animadas por un software especial.
El juego de sombras engendradas por la inevitable interferencia que ocasiona la humanidad de cualquier mortal al haz de luz del proyector de luz e imágenes, es una invitación ineludible a pasearse por toda la habitación no sólo para alterar la perspectiva personal, sino producir nuevas figuras sobre las paredes, que se confunden con una lluvia de colores y, lógicamente, con otras sombras.
El recorrido hacia una de las salas interiores conduce hasta Cromosaturación, de 1965, quizá una de las experiencias más divertidas. Disfrutarla exige de un requisito: sustituir el calzado por un cobertor de pies, idéntico al que usan los cirujanos dentro de un quirófano. ¿La razón? La sala está cubierta por un tipo de papel bond blanco necesariamente pulcro para permitirse colorear de luces azules, verdes y rojas, que dejan una sensación de bálsamo visual.
El último paso es Experiencia cromática aleatoria interactiva, en donde seis máquinas HP Touchsmart PC, permiten interactuar con versiones electrónica de las obras de Cruz-Diez.
La muestra estará abierta en Los Galpones hasta el 23 de enero de 2010.
Daniel Ricardo Hernández
EL UNIVERSAL REGRESAR |
| Fecha publicada: 30/11/2009 Fuente: El Universal Tema: cultura
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