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Se inicia 2010 con una serie de restricciones que nos hablan de las serias dificultades que nuestro país atravesará en los próximos meses y quizás años por venir. La crisis en el suministro de agua y de electricidad, el marcado deterioro de la infraestructura vial de prácticamente todo el país, la interminable y asfixiante situación de inseguridad, la caída de la producción agrícola e industrial y la crisis del servicio de salud nos habla de un país de posguerra.
Pareciera que nuestro país hubiese recién salido de una larga y extenuante guerra, librada dentro del propio territorio, una suerte de guerra como la de los Balcanes o las intestinas guerras que tan frecuentemente ocurren en África. Como consecuencia de esas guerras, los países sumidos en ellas pagan con la vida de muchos de sus habitantes, con la destrucción parcial o total de la infraestructura vial, sanitaria, eléctrica.
Si simplemente observáramos desde una galaxia muy alejada y sólo hubiésemos podido tomar instantáneas por estos años, sin audio y sin poder leer nada de lo que dice la publicidad oficial o la de quienes lo adversan, habríamos de concluir que nuestro país ha sufrido las consecuencias de un horrible guerra que ha provocado la muerte de decenas de miles de personas, destruido una buena parte de su infraestructura de servicios, de su vialidad, de su sistema eléctrico, de su sistema de abastecimiento de agua potable, de una buena parte de su parque industrial, una pérdida importante de su capacidad de producción agrícola.
Pues bien, ese diagnóstico a pesar de que estuviese fundamentado sobre bases objetivas reales -nadie puede negar el deterioro del sistema de salud, del sistema eléctrico, del parque industrial, del parque agrícola, de la infraestructura vial, de la decena de miles de muertos producto de la rampante inseguridad, de la crisis en el suministro de agua potable y pare de contar- no es correcto porque nuestro país no viene de pasar por una guerra intestina; por el contrario, nuestro país viene de pasar por el período de mayor bonanza fiscal en toda la historia de la República, viene de pasar por el ciclo más largo de precios altos del petróleo.
Cómo es posible haber llegado a este nivel de deterioro en medio de las mejores condiciones de la historia para haber realizado el mejor de los desarrollos humanos posibles.
Qué dura será la historia con quienes administraron nuestro país sembrando el odio y la destrucción del mismo, subordinando su soberanía a terceros de menor valía.
En medio de este gigantesco déficit, creado por nuestra propia incompetencia y ante la necesidad de mayores recursos para sostener una población sin mayores opciones de fuentes de trabajo salvo depender del clientelismo estatal, hemos desestimulado toda inversión privada tanto de propios como de extraños, acosado al sector privado generador de empleo colocando sobre él una carga y una censura cada vez mayor. Las posibilidades del Estado para resolver por sí solo el problema se alejan cada día más, las empresas estatales no petroleras son fuentes interminables de pérdidas y la empresa petrolera ve disminuida tanto su capacidad de producción como su capacidad de inversión para siquiera sostener en el corto plazo el potencial de producción petrolera.
El discurso público se repite incesantemente, el descargo de responsabilidades en terceros de igual manera no cesa en los medios oficiales, que nos hace pensar que haciendo lo mismo y con la misma gente los resultados van a ser distintos. Por favor, un poco de sindéresis. REGRESAR |
| Fecha publicada: 09/01/2010 Fuente: Últimas Noticias Tema: economia
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