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Es una gran fortuna que la quinta república haya sido precedida por la cuarta. Imaginemos nada más la crisis eléctrica que acaban de descubrir los muchachos de Miraflores sin la represa del Guri, el petróleo nacionalizado, las autopistas y el sistema de represas y alcantarillados que se construyeron en los cuarenta años que con tanto enfado llaman de oprobio y de cúpulas podridas. Imaginémosla también sin los grandes hospitales públicos y los levantados por la iniciativa privada, sin los centros educacionales, tanto de primaria y secundaria como de educación superior, que incluyen tercero y cuarto nivel; sin los parques y puentes, sin las plantas termoeléctricas y sin los centros comerciales que tanto odian y tanto frecuentan. Seguramente no habría crisis energética, pero sería un triste campamento minero ahíto de penuria, con hambrunas y escaseces en abundancia, y no me vengan con el cuento de la dignidad, ni de la patria grande y bonita. Ese disco se rayó.
Eficientes y rápidos en el derroche, en la malversación y en todas las otras palabrejas que con mucho esfuerzo apenas ayudan a prefigurar el crimen de lesa humanidad que significa destruir un país sus recursos naturales, su planta industrial y las esperanzas de la población, su gran obra en diez años de altos precios petroleros y con ingresos cercanos al billón de dólares es el Viaducto 1 de la autopista Caracas-La Guaira y haber descubierto la ventaja de uniformar de militares a los vendedores de pollo importados en los mercados a cielo abierto.
Incompetentes en todos los ramos del saber, han quebrado no sólo las empresas básicas sino que también importan gasolina a precios internacionales para venderla a precios subsidiados y tienen la osadía de presentar tamaño estropicio de los bienes del pueblo, al que dicen servir, como una hazaña, como una proeza.
Devenidos en Hood Robin, porque roban a los pobres para hacerse más ricos, firman convenios en contra de los intereses nacionales, entregan territorio patrio, hoyan la soberanía popular, desestabilizan la paz, desencuadernan el orden, demuelen la república, democratizan el hambre y debilitan el Estado, entre otras calamidades existenciales, pero su fracaso más rotundo y demoledor ha sido en la construcción de viviendas, tan estruendoso como el cubano, pero sin la excusa del embargo estadounidense. Lo único que funciona es la autoconstrucción endógena de ranchos cada vez más miserables.
Compro boleto de vuelta, sin regreso. REGRESAR |
| Fecha publicada: 09/01/2010 Fuente: El Nacional Tema: politica
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