Hemos entrado, señores, en la era suprema del socialismo del espectáculo, una etapa histórica en la cual el Presidente ya no se reúne con sus ministros para preparar y luego anunciar al país las medidas precisas para enfrentar las crisis. Eso es parte del pasado, y corresponde a las viejas prácticas de la democracia representativa. Ahora lo que se lleva este verano en Miraflores es gobernar con medidas tomadas al vuelo en rápidas presentaciones o mediante llamadas a los espacios nocturnos de la televisión oficialista.
Bien lo dijo el presidente del partido Comunista, Jerónimo Carrera, que un mandatario no puede improvisar políticas de gobierno desde un set de televisión, como lo hace Chávez. Eso es poco serio y peligroso, y mucho menos es socialismo, de acuerdo con lo declarado a la prensa por el veterano dirigente. Y no le falta razón, porque ya es conocido por quienes han sido sus colaboradores que el jefe del Estado cuando ve un micrófono pierde los estribos, se le van los tiempos y termina anunciando disparatados proyectos que, como es lógico, terminan en el barranco de los fracasos.
Basta referirse a la crisis del suministro de agua a las ciudades y del servicio de electricidad al país entero. Estos dos problemas son de una gravedad infinita y golpean duramente a todos los sectores de la población, con mayor incidencia en las clases pobres. Tanto la falta de electricidad como de agua potable constituyen una verdadera desgracia para cualquier ser humano, y es deber del Estado (y más si es un país petrolero rico en recursos) proveer de estos servicios básicos al conjunto de los ciudadanos.
Pero ¿qué hace el Presidente ante la carencia de estos servicios? Se pone a hacer chistes malos en la televisión acerca de la conveniencia de bañarse con una totuma. En iguales y despectivos términos se refirió al hecho cotidiano de ir al baño en la oscuridad, como si una situación tan grave, que afecta a toda la sociedad, se prestara para reírse a carcajadas a costa de los demás ciudadanos. Desde luego, en Miraflores se cuenta con suministro de luz a toda hora, pero en un barrio, en un pueblo, en la frontera o en las islas de los Roques, nada de lo que dice el Presidente les causa risa sino rabia.
Ayer la prensa comentó el recule del Presidente con respecto a las medidas de apagones programados en el área metropolitana.
Se trata de un triunfo de la sociedad en su conjunto que sintió, con toda justicia y razón, que la crisis que estamos sufriendo es responsabilidad de este gobierno, y que las medidas que se están implementando carecen de la más elemental consulta popular: no han participado los alcaldes, ni lo concejos comunales, ni las parroquias ni nada que se le parezca.
Al contrario, desde Miraflores el jefe tomó la decisión de salvar su capital político en Caracas y castigar a la provincia, como si no fueran venezolanos sino ciudadanos de segunda. REGRESAR |