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A propósito de la Serie del Caribe 2010 que se celebra en la Isla de Margarita, en donde está en disputa el campeonato de clubes de béisbol que representan a México, Puerto Rico, República Dominicana y Venezuela, las imágenes de muchos productos y servicios se reproducen de forma infinita en afiches, vallas, uniformes, gradas, pasillos, postes y cuanto espacio disponible para publicidad existe a la vista de los asistentes, como parte de la fiesta deportiva que transcurre en estos momentos en la llamada perla del Caribe.
Es la cara más visible del mercadeo deportivo, práctica muy arraigada en las actividades de competencia, cuyos beneficios para la marca se multiplican de manera increíble cuando el evento es televisado y la imagen del producto se cuela en el hogar, reforzada por la voz del locutor que describe con la emoción de un jonrón por qué debe consumir tal o cual producto.
Pero, ¿cuál es el alcance de hacer mercadeo con el deporte? La respuesta pudiera ser obvia: asociar una marca con un evento reconocido o un atleta exitoso, de manera de obtener recall y al mismo tiempo aumentar las ventas del producto. Cierto, pero eso no lo es todo. La realidad es que las empresas que deciden respaldar una iniciativa en el campo deportivo o patrocinar las actuaciones de un jugador de cualquier disciplina, lo hacen desde la perspectiva de que es una acción que le rendirá, además de frutos económicos, consecuencias positivas en cuanto a construcción de imagen, buenas relaciones con la comunidad donde se realiza el evento, y sobretodo reputación al estar asociadas a momentos de sano esparcimiento o a atletas de gran prestigio.
Al igual que en el béisbol, los equipos profesionales o amateur de fútbol, baloncesto, tenis, golf, automovilismo, surf, atletismo, y pare de contar, cuentan con el respaldo de empresas para la realización de torneos, espectáculos y competencias de largo aliento, que de otra manera no fuesen posible realizarlos por los costos de organización. De hecho, gracias a las alianzas entre las empresas y el deporte es posible la financiación de eventos vía publicidad de marcas, que pueden materializarse con la proyección suficiente para trascender y llegar a los fanáticos.
El principal ejemplo que nos viene a la mente es la iniciativa de Empresas Polar. Desde hace muchos años, la imagen de sus marcas es omnipresente en cuanto estadio, cancha, terreno de juego o espacio de competencia existe en Venezuela, e incluso allende las fronteras. Para esta empresa, más que un negocio, el patrocinio deportivo se ha convertido en un valor compartido de su cultura corporativa, y se han asociado al deporte como una herramienta de desarrollo humano y calidad de vida de la comunidad donde se desenvuelve; además de ser un impulso claro a las ventas, el ánimo del patrocinio deportivo está en utilizar las marcas como vehículos para apoyar las diferentes iniciativas, que incluye la participación en programas de formación de jóvenes talentos en diferentes disciplinas deportivas, el respaldo a figuras de renombre que sirvan de modelos a seguir por los más pequeños, y en definitiva un manera inteligente de ejercer un compromiso social con el país. El Centro de Desarrollo Deportivo de Empresas Polar, ubicado en el estado Carabobo, es un ejemplo de un complejo deportivo de gran valor para las comunidades cercanas a su planta principal.
Allí se forman los deportistas del mañana y de paso el ejemplo va de generación en generación. Sin duda, ello crea buena voluntad hacia la corporación.
De manera que la próxima vez que sienta que una marca en particular, de cualquier empresa, está 'hasta en la sopa', imagine por un instante que ese evento no tuviese un patrocinio duradero; quizás ni siquiera hubiese sido posible su realización, o las probabilidades de contar con un espectáculo de altura quedarían reducidas a la mínima expresión. REGRESAR |
| Fecha publicada: 05/02/2010 Fuente: Quinto Día Tema: publicidad
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