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Por causalidad, esta entrevista con Laureano Márquez ocurrió el 4 de febrero de 2010, a la misma hora en la que el Gobierno venezolano celebraba el aniversario del intento de golpe de Estado de 1992. La circunstancia fue ideal para observar que los delitos de los que es presunto incitador el humorista y politólogo son aquellos que fueron cometidos, de hecho, por el grupo de militares que se alzó hace 18 años, el presidente Chávez entre ellos.
Márquez podría ser culpable, según una comunicación del Ministerio de Comunicación e Información, de justificar el uso de la violencia para acceder al poder, en razón de un artículo publicado en el diario Tal Cual el viernes 29 de enero de 2010, en el que bromea sobre cómo serían los días, meses y años siguientes al descenso de Chávez de la Presidencia.
Para el momento en que fue redactada esta entrevista, la Fiscalía General de la República no había notificado al humorista sobre el avance de ninguna denuncia o averiguación ni aplicación de sanciones.
Usted ha señalado públicamente que la única vía que considera legítima y aceptable para sustituir al Presidente de la República, sea quien sea el que ejerza el cargo, es el sufragio. Para sentar el precedente: ¿descree entonces del uso de la violencia como forma para acceder al poder? Sin duda alguna. No creo en el uso de la violencia. Es cierto que en la práctica política muchos han utilizado la violencia para llegar al poder, pero a mí no me parece que sea el camino. Eso no forma parte de mi proyecto de vida ni de mi concepción de la democracia. La violencia es de los males mayores.
¿Por qué imaginarse a Venezuela sin 'Esteban', es decir, sin Chávez? Porque hay elecciones presidenciales en 2012 y existen posibilidades, remotas quizás, inimaginables, pero existen, al menos teóricas, de que Chávez puede ser derrotado.
Dios mío, ¿es un pecado imaginarse que el Presidente pueda salir del poder? Él ha dicho que estará 30 o 40 años más en la Presidencia, pero uno tiene el derecho de imaginarse a otra persona ejerciendo ese cargo.
Mientras escribía ese artículo para Tal Cual, ¿no pensó en ningún momento que podría ser malinterpretado? No. Puede que me haya confiado. Yo escribo con mucho cuidado. O trato de hacerlo.
Quizá hubiese podido buscar un tema menos polémico que ése. Uno siempre puede no escribir, pero la verdad es que no me imaginé que me malinterpretarían. Yo he escrito cosas mucho más críticas.
¿Cree que haya algo personal contra usted? No lo sé. No creo que yo sea tan importante como para que haya algo personal contra mí. Lo que sí creo es que al Gobierno no le gusta que se le critique. Todos los medios que lo hacen tienen algún problema. El Gobierno ve en toda crítica un acto de conspiración, un acto antidemocrático y fascista. Yo tengo una franela que dice CIA, pero por chiste, no trabajo allí, no me han llamado. El Gobierno no puede asimilar que una crítica esté fundamentada en un deseo de una vida o de un modelo político distinto. El Gobierno está tan imbuido de que es el dueño de la verdad, que le parece que si Franklin Brito se opone a él, es que está loco. No pueden entender que una persona razonable se les oponga. No aceptan al otro. El Presidente no acepta nada excepto la unanimidad.
Usted es politólogo. Sabe por tanto que, en general, al poder le incomoda el humor.
Incluso bajo regímenes de carácter democrático probado el humorista, como el astrólogo cuando Caldera, corre un riesgo. ¿Qué es para usted lo que diferencia al gobierno de Chávez de esos otros que también se sienten incómodos con el humor? Una diferencia es que el presidente Chávez tiene la intención de quedarse para siempre. Tiene la sensación de que las arbitrariedades que se cometen no van a traer consecuencias. Los gobiernos anteriores sabían que iban a terminar y eso los hacía más prudentes en el uso del poder, porque sabían que lo iban a tener que entregar. Yo creo que en Venezuela, más o menos a lo largo de toda su historia, ha habido persecución a la disidencia, a la crítica y al humor. Sin embargo, el período democrático ha sido el que más libertad ha dado a la expresión. Efectivamente, hubo muchos problemas, pero durante esos años nosotros nos acostumbramos a que podíamos hacer humor. No había una represión sistemática y organizada como en este momento.
Fuera de la broma, ¿qué le espera al país una vez que Chávez salga de la Presidencia por vía electoral, que es como ha de salir? Así es. Yo creo que al país le espera un momento muy difícil. Muy difícil. El Presidente ha creado un modelo que depende mucho de él, ha logrado que de su presencia dependa incluso la paz social.
Él mismo ha dicho que si se va del Gobierno lo que sobrevendrá será el caos. Cuando uno anuncia eso así, es porque cree que uno mismo o sus partidarios propiciarán ese caos. A Venezuela le vienen tiempos difíciles, sea lo que sea que pase. Si el presidente Chávez es reelecto, al país le vienen tiempos difíciles. Si sale de la Presidencia, también vendrán momentos difíciles. Nosotros tenemos que tener preparados nuestro espíritu y nuestra alma para el hecho de que nos vienen años muy difíciles. La realidad pasa factura. De esta borrachera petrolera nos vendrá el ratón.
Y habrá que pagar los gastos del despilfarro, que nos saldrán muy caros. En Venezuela todo el mundo está raspando la olla, no solamente los que están en el poder. Todo el mundo se está preparando y agarrando todo lo que puede.
La gente está demasiado ocupada en asaltar la mina como para darse cuenta de que la mina se está cayendo.
Hace unos días usted le dijo al periodista Albinson Linares, para una entrevista que se publicó en www.prodavinci.com, que Venezuela no se ha constituido como nación.
Si esto no es una nación, ¿qué es? Yo no sé. A veces creo que somos una promesa que no se ha cumplido. Cabrujas decía algo que sintetiza lo que pienso. Él decía que Venezuela no se ha fundado. A veces digo, echando broma, que somos un terreno con gente.
Es una exageración humorística, claro. Somos un pueblo que tiene una cultura, una identidad, que tiene muchos elementos constitutivos de una patria, de una nación.
Pero es como si nos faltara un modo de vida compartido. Falta ese modelo de vida que trasciende a los partidos.
En España la gente tiene un modelo de vida, por ejemplo, independientemente de si está Aznar o Zapatero.
Cuando sale un presidente y entra otro, la gente no siente que España se termina. Aquí uno vive con la angustia de que a cada momento el país se está acabando. En Europa los pueblos pasan por crisis, la pasan mal, se quejan, pero siguen viviendo. En cambio nosotros vivimos con la sensación de la partida, con la sensación de la diáspora, de que lo único que queda es arrancar. Y parte de que no seamos una nación constituida es la idea de que nuestra salvación está en el plan B.
Un inglés, cuando el bombardeo de los nazis sobre Inglaterra, no pensaba que la salida a su problema era irse del país. Tampoco los franceses.
Nosotros no hemos encontrado un modelo efectivo de funcionamiento. Sigue imperando en nosotros la mentalidad provisional.
¿A qué es a lo que usted más le teme? Yo... yo le tengo miedo al miedo. REGRESAR |
| Fecha publicada: 09/02/2010 Fuente: El Nacional Tema: politica
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