Antonio Llovera es colaborador. Arma cajas con tirro y las llena con joyas de oro, acero, plata y piezas de fantasía. Entre caras largas y llantos desbordados mantiene la sonrisa.
'Empecé a trabajar aquí a la edad de 12 años, y ahora tengo 56. He vendido, limpiado, despachado. Soy el utility. Así levanté a mi familia'.
Llovera vivió los tiempos lejanos cuando los vehículos pasaban frente a la plaza Bolívar, y otros más recientes cuando atendía a generales que enviaban a bañar en oro sus bastones de mando en la Joyería Guayana, justo la que hace esquina con el Palacio Municipal, que fue señalada por el presidente Hugo Chávez, quien ordenó su expropiación el domingo, en el programa Aló, Presidente.
El negocio es propiedad de Ana Medina, que comenzó a trabajar como mensajera en el lugar y luego pudo adquirir un local. Ayer no fue a recoger nada, se quedó en cama, afirmó su hijo Omar: 'Aquí no hay ninguna oligarquía. Somos familias trabajadoras a las que dejaron en la calle'.
La Francia es una gran familia de casi 2.000 personas, entre los 89 propietarios, los 600 empleados y los proveedores, que comercian joyas y se cruzan en las vitrinas de las 95 joyerías del edificio, ícono entre los mercaderes de oro desde 1946. El inmueble es propiedad de la Fundación de la Universidad de Oriente, y fue cedido a esa institución por Marcos Pérez Jiménez.
Muchos empezaron de la nada y le dieron la mano a otros.
Así, construyeron hogares una comunidad de libaneses, franceses, portugueses, hebreos y venezolanos. Así lo hizo, Idalmis Martínez, quien trabajó por 10 años para un joyero, y luego abrió su propio local hace 22 años. Evelyn Fernández pasó su adolescencia entre anillos y collares, mientras ayudaba a su tía en la atención del local y ahora tiene su propio negocio en el centro joyero.
Desalojo con espectadores. El desalojo del edificio La Francia fue voluntario. Cada quien recogió joyas, sacó sus vitrinas y equipos de aire acondicionado y se comunicó con los clientes que mandaron a hacer allí anillos de graduación, de boda y cadenas de bautizo.
El éxodo, que se hizo en carretillas y bolsas al hombro, tuvo espectadores. Un grupo de seguidores del Presidente gritó consignas a favor de la medida: 'Al pueblo lo que es del pueblo', 'Al comandante no lo tumban los sifrinos', se oía sobre el repetitivo voceo de los compradores informales de oro, dólares y euros.
El rumor de la expropiación comenzó a correr desde el sábado, cuando se supo que el programa del Presidente se haría en la plaza Bolívar. Elid Mann, propietario de la Joyería La Estrella, dijo que tenía el temor sembrado en la mente hace tiempo, por tratarse 'de un edificio dedicado al lujo'. Confirmadas sus sospechas, Mann hará las maletas que trajo del Líbano en 1976. 'No tengo planes después de esto: únicamente irme de Venezuela'.
En la tarde, los comerciantes sostendrían una reunión con funcionarios de la Alcaldía del Municipio Libertador. 'No había nadie con quien hablar, nos encontramos con unas paredes muy altas. 80% de los comerciantes ya desocupó el edificio. Salimos como animales porque hay rumores de que tomarán los locales esta misma noche (anoche)', afirmó un joyero, que no quiso dar su nombre. REGRESAR |