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La primera actividad cultural que organizaron los miembros del Ateneo de Caracas en su nueva sede de Maripérez fue un foro para identificar el estado actual del sector cultural venezolano y el impacto de las políticas públicas del Gobierno en los últimos 10 años.
Titulado La Gestión Cultural Bolivariana: Una Década Perdida, el evento contó con la participación de Tulio Hernández, Sandra Pinardi, Leonardo Azparren Jiménez y Guillermo Barrios. Fue organizado en conjunto con la Fundación Cultural Cabrujas, ente nacido después del cierre del Ateneo de Caracas. 'Esa acción del oficialismo contribuyó a activar a un grupo de gente que, durante la temporada final de la obra de teatro Cuando quiero llorar no lloro de Rajatabla, se manifestó contra la confiscación, el cierre y el acorralamiento de una serie de espacios culturales y públicos', contó el actor Gustavo Rodríguez, moderador del foro.
El primero en tomar la palabra fue Hernández, que señaló la importancia de identificar el modelo de gestión cultural del gobierno de Hugo Chávez, el cual definió como un 'neoautoritarismo'. Durante sus exposiciones, Pinardi y Azparren se dedicaron a singularizar las muestras de ese neoautoritarismo en los sectores de las artes plásticas y el teatro.
'La diferencia entre una dictadura y un neoautoritarismo es similar a la que existe entre el zarpazo de un tigre y el apretón de la boa constrictor. Ambos son mortales, pero en el primer caso la herida es sangrienta y evidente. En el segundo, en cambio, la muerte es lenta y silenciosa. Lo interesante es que, en el último caso, a la víctima le queda una posibilidad de reacción', dijo Hernández El sociólogo agregó que el deber de los pensadores es identificar las posibilidades de reacción frente al régimen: 'Los autoritarismos del siglo XXI no serán como en el pasado, porque al igual que las cucarachas y las bacterias mutan, pues los insecticidas que trabajan contra ellos también se fortalecen'.
Luego enfatizó que la labor de los intelectuales es descubrir el insecticida.
De acuerdo con Hernández cuya exposición fue la más extensa de los convocados, los problemas de la gestión cultural anterior a Chávez comenzaron a hacerse más patentes a partir de finales de los años ochenta. Desde la fundación del Consejo Nacional de la Cultura en 1975 y hasta 1985, Venezuela vivió la época dorada de su gestión cultural. Como pruebas de esto enumeró: el nacimiento del sistema de orquestas, el establecimiento de la Biblioteca Ayacucho, la creación del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, la fundación del Museo de Arte Contemporáneo Sofía Ímber, de la Compañía Nacional de Teatro y de la Galería de Arte Nacional, entre otros.
En contraposición con esto, Hernández identificó tres etapas en la gestión cultural del actual régimen. Llamó a la primera 'el reino de Mandela', pues sirvió de transición entre la cuarta y la quinta república.
A la segunda, correspondiente al período de Manuel Espinoza, la denominó 'Salomé', porque estaba buscando en una suerte de 'revolución cultural china la cabeza de Juan Bautista' y fue cuando salieron de las instituciones culturales gestores de importancia como Sofía Ímber y María Elena Ramos. La etapa actual, según el sociólogo, es el 'tiempo de los comisarios culturales', marcado por 'la improvisación, el sectarismo, el miserabilismo, la utilización del aparato cultural como órgano proselitista del PSUV y la malversación de fondos'. Para concluir, señaló que la bolivariana es 'la única revolución de la historia que no cuenta con un movimiento de trasgresión estética'. Así, según Hernández y el resto de los ponentes reunidos en el Ateneo, su labor para la historia será haber destruido las instituciones culturales creadas por la democracia. REGRESAR |
| Fecha publicada: 08/03/2010 Fuente: El Nacional Tema: cultura
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