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Reparar el mástil partido de un contrabajo, sustituir las cerdas gastadas en el arco de un violín, crear las curvas propias de una guitarra a partir de un pedazo de madera mojada... y también hacer un violín, una viola, un chelo o un arpa comenzando desde cero, todo eso puede aprenderse en el taller de lutería del Inces de Caricuao.
Allí se dictan cursos para luthiers que tienen una duración total de cinco años y a los alumnos se les garantiza, una vez graduados, un puesto de trabajo en el sistema nacional de orquestas.
El de Caricuao es uno de los dos núcleos de lutería que existen en Caracas (el otro es el de Los Chorros, que se especializa en la reparación y creación de instrumentos de viento-madera y viento-metal) y el único que trabaja con instrumentos de cuerda, pulsada o frotada. El único requisito que se exige a quienes quieran estudiar allí es tener entre 14 y 26 años.
Henry Parra, director de este Centro Académico de Lutería, explica que allí se les otorga una salida ocupacional a los jóvenes que tengan inquietudes musicales. Y asegura que no sólo el curso es gratuito, sino que además el Sistema Nacional de Orquestas proporciona todas las herramientas y la indumentaria. Incluso los mejores alumnos tienen opción a ganar becas en los primeros tres meses.
Aunque el hincapié se hace en la práctica diaria, también los alumnos recibirán clases de inglés, organología (ciencia que estudia los instrumentos musicales), estudio de las maderas, matemáticas y dibujo aplicado, entre otras materias.
Después de pasearse por todos los instrumentos de cuerda y de convertirse en un experto en la reparación de los mismos, a los dos años el alumno se especializa y decide qué quiere empezar a construir entre las siguientes opciones: guitarra clásica, cuatro, mandola, violín, viola, chelo o arpa.
Aunque el objetivo es sobre todo absorber a adolescentes que hayan desertado del sistema escolar, en estos talleres hay también muchos liceístas.
Es el caso de Samuel Hernández, quien incluso tiene un permiso especial para irse más temprano al mediodía y no perder sus clases. 'Es complicado, hay que prestar atención. Todo lo que hacemos lo anotamos en un cuaderno', dice.
Otros empezaron como alumnos y hoy son profesores, como Cristóbal Carías, quien cuando llegó 'no sabía ni agarrar un serrucho'. Y también hay otros que vienen del núcleo inicial, que se formó en Mérida en 1982, como el maestro Rómulo Alaluna o Alberto Andrade.
Parra dice que la de luthier es una profesión que cada vez tendrá más demanda, y da una cifra para sustentar su opinión: casi 400 mil niños y adolescentes están hoy estudiando música en Venezuela. REGRESAR |
| Fecha publicada: 09/03/2010 Fuente: El Universal Tema: cultura
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