Desde que llegó a Miraflores, el Presidente no ha cejado en su obsesión favorita, que no es otra que acabar con el sector privado de la economía. Su afán infantil y destructivo de todo aquello que signifique el avance de la iniciativa privada ya sea en el plano comercial o industrial, financiero o petrolero, no tiene otra explicación que el resentimiento social y la envidia de quien ve en el éxito particular del otro una derrota personal.
Pero lo que llega a la locura pura y llana es la obsesión presidencial contra las empresas Polar, como si este grupo dedicado a la comercialización de los productos de la agroindustria estuviera actuando al margen de la ley, lo cual se podría corregir -si ello fuera cierto, que no lo es- haciendo valer las normas que rigen este tipo de actividades. Lo insólito es que los procedimientos administrativos contra Polar se toman luego de los programas dominicales del Aló, Presidente.
Se trata pues de una conducta que no obedece a una política general de fiscalización de las actividades del sector, sino que contienen una alta carga de motivación personal de parte del Presidente, que resulta inexplicable para los venezolanos cuerdos y sensatos, quienes no alcanzan a desentrañar por qué el jefe del Estado la tiene agarrada con la gente de la Polar.
Lo que sabemos es que estas empresas representan una fuente de trabajo para miles de venezolanos. Las Empresas Polar tienen 30 plantas industriales y cerca de 150.000 puntos de ventas, y generan 30.000 empleos directos y 180.000 indirectos. ¿Eso es malo? ¿Eso perjudica a la república? ¿Eso le hace daño a Venezuela? De manera que los venezolanos debemos estar conscientes de que se toca no sólo a la Polar sino a otras fuentes primordiales de trabajo en el sector de las comunicaciones, de la siderúrgica, de las fábricas de cemento, y que se está migrando la miseria hacia esas fuentes de empleo. Si el Estado fuera eficiente como empresario pues bienvenida sea su participación, pero no lo es y a las cuentas nos remitimos, empezando por la región de Guayana, convertida en un basurero de chatarra de las expropiaciones chavistas.
En el sector pesquero igual se vive la miseria de los atropellos oficiales, a los contratistas de Pdvsa se les conmina a no cobrar o son expropiados, la red de automercados Éxito fue convertida en empresa oficial apelando a un subterfugio que nadie se traga y, de igual manera, los CADA pasarán a ser distribuidores de productos que tienen en sus marcas consignas bolivarianas. Eso dice mucho de la intención del Gobierno de someter a la cadena de distribución de alimentos en función de sus propósitos políticos.
Lo verdadero es que el objetivo central de esta ofensiva oficialista es convertir la distribución y venta de alimentos baratos en una fuerza electoral que, como los módulos de Barrio Adentro, permita evitar la derrota en septiembre. REGRESAR |