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La exposición al sonido urbano puede producir pérdida de la audición
Carmen Díaz no es tan religiosa, pero se despertó con música cristiana y aleluyas por micrófono todos los días durante un mes. La iglesia evangélica que está frente a su casa, en Candelaria, celebraba su aniversario y con la emoción, no midieron las molestias. En Las Mercedes, Laura Oviedo padece también por el ruido: le toca cerrar temprano su consultorio odontológico, porque cuando empieza la hora pico, ya no se puede concentrar con el corneteo de los conductores.
Ambas confesaron sentirse estresadas y de mal humor cuando no pudieron huir del bullicio. A Diego Díaz, de la ONG Vitalis, no le extraña. Conoce los estudios sobre la contaminación sónica que indican que 35 decibeles son suficientes para perturbar el sueño y que en ciudades ruidosas como Caracas, el tráfico fuerte puede registrar sonidos sobre los 90 decibeles (como se escucha una sierra eléctrica), cuando los máximos permitidos por las ordenanzas municipales se ubican en 80.
"Da lo mismo un concierto de rock o una fiesta aquí, la música puede estar en 110 decibeles perfectamente. El caraqueño es de costumbres bulliciosas: toca corneta y le gusta la música alta. Los fiscales de tránsito deberían estar protegidos en las zonas de más caos", aseguró.
Pero son pocas las armas con las que cuentan ellos y los ciudadanos para enfrentar el ruido. Para Díaz, se trata de una realidad que debería ser mejor estudiada y atendida: "Los municipios tendrían que trabajar por la vía punitiva y emprender campañas educativas".
Ruidos de esta intensidad no causan daños inmediatamente, más allá del aumento de la presión sanguínea, taquicardia o estrés, pero según el Instituto Nacional de la Sordera y Otros Desórdenes de la Comunicación (Nidcd, por sus siglas en inglés), la exposición prolongada a cualquier sonido por encima de 90 decibeles puede provocar pérdida gradual de la audición.
El ingeniero experto en ruido de la Universidad Simón Bolívar, Víctor Rastelli, afirma que el ruido se genera por causas humanas y sólo se puede combatir con educación: "En otros países está controlado el hecho de lanzar cohetes, pero aquí lo hacen en cualquier cumpleaños y sin ninguna restricción".
Según el especialista, las grandes ciudades han aumentado sus ruidos en un decibel cada año debido a los embotellamientos viales, el hacinamiento, los corneteos o, la más reciente modalidad en el país después de que fue decretada la emergencia eléctrica nacional, los generadores de energía.
Rastelli afirma que el empleo de silenciadores y la mejora del tránsito constituyen elementos que ayudan a mejorar y bajar los niveles de los fuertes sonidos que ensordecen las zonas urbanas. Asimismo, la conciencia ciudadana y la educación preventiva constituyen factores determinantes.
Se pueden tomar también medidas propias, pero son costosas. Lo ideal sería unificar esfuerzos comunitarios y municipales, asegura Rastelli: "Si seguimos así vamos a tener una generación de sordos".
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| Fecha publicada: 23/06/2010 Fuente: El Universal Tema: salud
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