El embajador de Venezuela ante la Organización de Estados Americanos, Roy Chaderton, ofreció en una entrevista con José Vicente Rangel sus puntos de vista sobre el ente del cual forma parte y también expresó su opinión sobre las relaciones entre Venezuela y Estados Unidos.
“La OEA es un cadáver tibio, se ha mantenido en una suerte de hibernación… está tibia, no termina de morir, pero es una organización que siempre está desfalleciendo”, dijo Chaderton.
Agregó que en los últimos 11 años “el propio imperio”, Canadá y otros países que representan una visión de derecha han guardado distancia con el gobierno venezolano y han agredido al presidente Chávez. Con respecto al secretario de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Santiago Cantón, dijo que es “un hombre de derecha” que apoyó el derrocamiento del presidente Chávez.
Así, consideró que en este momento es necesario guardar distancia con “una CIDH que da pena”, destacando que “en los últimos años en una organización que responde de inmediato a cualquier denuncia, a cualquier llamado de Globovisión y de RCTV sin tomarse la molestia de consultar con el Estado” la situación.
Continuó con sus críticas a la CIDH, resaltando que hay que tener una “enorme frialdad e insensibilidad para ignorar los problemas de derechos humanos” que ha denunciado el país ante ese organismo, como el Caracazo y el Golpe de Estado de 2002.
En este orden de ideas, manifestó que Unasur, la ALBA, el Sica y el Caricom constituyen alternativas, cada una con su rol y su peso dentro de la región latinoamericana, pero advirtió que a la Unasur intentarán debilitarla debido a que es una respuesta soberana de los países que la integran.
Con respecto a las declaraciones de Arturo Valenzuela sobre la dificultad de las relaciones entre Estados Unidos y Venezuela, indicó que el país norteamericano “no acepta la disidencia” en el continente, por lo que hace lo posible por “ahogarla”.
En contraste con lo dicho por el funcionario norteamericano, Chaderton aseguró que “el presidente ha hecho todos los esfuerzos del mundo” incluyendo los diplomáticos para recomponer las relaciones con EEUU, pero orientadas a un entendimiento “como dos estados soberanos, sin relaciones de sometimiento”.
De esta manera, consideró que Venezuela “es una piedra en el zapato” para Estados Unidos.
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