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PUBLICADO ONLINEPRODUCTO EXPRESSLas clínicas se las ven en figurillas para atender la creciente demanda que las copa, ante un sistema público desintegrado e ineficiente que cumpliría mejor su función si fuera único, pero mixto y descentralizado
El deficiente desempeño del sistema de salud venezolano –una realidad que, aunque patente, no es ni nueva, ni atribuible en exclusividad a once años de Revolución Bolivariana–, se corresponde poco con las intenciones democráticas e inclusivas que acompañaron su concepción e institución en 1936, y menos aún con el optimismo que sus primeros éxitos generaron. Seis décadas después, el traspaso a gobernaciones y alcaldías de hospitales y ambulatorios -hasta ese momento adscritos al entonces Ministerio de Sanidad, además de la acelerada construcción de otros nuevos-, pretendió infructuosamente resolver el problema estructural que se había gestado en los años precedentes, e incluso lo agravó, como lo atestiguan los analistas del sector.
Uno de ellos, Marino González, profesor del posgrado de Ciencia Política de la USB e investigador de su Centro de Políticas Públicas, afirma que “el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social tuvo las riendas de la totalidad del sistema hasta el año 1994, cuando malinterpretó lo significaba la descentralización y de forma irresponsable perdió o cedió el control de lo que se hacía en las regiones. Una de las razones por las que hoy no sabemos con certeza nada de lo que pasa o se hace, o cómo empezar a arreglarlo, es que el sistema se caotizó de tal manera que es imposible compilar cifras de ningún tipo”.
Oportunismo clínico
Pero como ocurrió, ocurre y ocurrirá siempre que el Estado deje incompleta una tarea suya –pasa con la educación, la seguridad y, por supuesto, también con la salud–, aparecerá quien consiga provecho de llenar las brechas. Como en el resto de los países con un sistema de salud mixto, el crecimiento y la masificación de la cobertura pública dieron pie a un modesto ascenso de la participación del sector privado en estas actividades.
Pero, ¿no es la “privatización de la salud” un problema creciente que el Gobierno, menos mal, está atacando con firmeza? Pues según todas las cifras que pueden esgrimirse y de las que González lleva riguroso registro, la cobertura del sector privado, incluso hoy, no llega a 27%. Mal puede ser un actor claramente minoritario el culpable de todos los males.
Por su parte, Hipólito García, médico y presidente de la Asociación Venezolana de Clínicas y Hospitales (AVCH), ensaya una explicación: “El sector público fue descuidando la gerencia y la gestión, lo que implicó que los trabajadores y empleados del sector formal de la economía y sus familiares, en general, beneficiarios de pólizas de seguro, empezaran a preferir la atención que obtienen en las instituciones privadas. Y éstas, por su lado, entendieron la conveniencia y la necesidad de invertir en esas áreas para optimizar el uso de los recursos y prestar un mejor servicio”.
Con todo y las grandes ineficiencias que también caracterizan al sector privado –con las que coinciden tanto González como García, y que tienen que ver con su fragmentación, desarrollo inorgánico, ausencia de data y, hoy por hoy, saturación–, la gran ventaja de su modelo de gestión predominante es que los recursos que generan las clínicas –“las muy, muy eficientes no pasan de 12% de utilidad”, revela el presidente del gremio que las agrupa–, se reinvierten por completo en su mantenimiento y modernización. El negocio de los centros privados no es repartir dividendos, sino contar con más y mejores servicios compartidos que los médicos socios, quienes constituyen las verdaderas unidades de negocio, pueden emplear en beneficio propio y de sus pacientes.
En busca del tiempo perdido
Aunque la AVCH se fundó apenas en 2007 hace grandes esfuerzos por incorporar a la mayor cantidad posible de miembros, a quienes ofrece un enfoque orientado al desarrollo y promoción de modelos de gestión gerencial, así como de formación de recursos humanos y administrativos. En la medida en que la representatividad del gremio crece, también lo hace su capacidad de influir en la formulación de políticas públicas que promuevan el desarrollo de la salud en Venezuela.
Pero no resulta fácil. Ni la Asociación ni el Gobierno saben exactamente cuántas clínicas privadas existen en Venezuela, ni todas están agremiadas (apenas 60, de un universo de alrededor de 400 a escala nacional), ni están categorizadas de acuerdo con un esquema que tome en cuenta su extraordinaria variedad. De hecho, hasta ahora la Asociación sólo las divide entre las de alta y baja complejidad, lo que dice poco de los centros de cirugía plástica, unidades quirúrgicas especializadas, centros de diagnóstico o rehabilitación, y cientos de combinaciones entre ésas y otras variantes, que pueden ascender a 5 ó 6 mil en toda Venezuela.
“Mientras avanzamos en esa vía, también trabajamos en hacernos relevantes ante el Estado, con cuyos organismos trabajamos en equipo para que Venezuela cuente con el sistema de salud que se merece, en tanto promovemos activamente nuestras posturas”, afirma García. “Aunque surgimos en medio de una coyuntura muy difícil, nuestra razón de ser no es fomentar la polémica. De hecho, coincidimos con el Gobierno en que el sistema de salud debe ser único y estar bajo su rectoría, pero también creemos que debe seguir siendo mixto, porque las personas deben poder tener el derecho a escoger según sus necesidades y posibilidades económicas”. Agrega que también debería ser “descentralizado, para que cada municipio y región, de acuerdo con sus particularidades demográficas y geográficas, pueda desarrollar los estímulos gerenciales que mejor se adapten a su realidad”.
En este sentido, García reflexiona y se hace eco de una gran preocupación del sector privado de los centros de salud. Expresa que no están prestando el servicio que deberían. “Desde el punto de vista de atención, de la atención terciaria como tal, por supuesto que estamos cumpliendo. Pero organizacional y administrativamente, estamos muy saturados. Aunque pueda creerse lo contrario, no nos agrada que el sector público esté en emergencia y tenga que apoyarse en nosotros de esta forma”. De allí que inviertan todo el tiempo del que disponen para llevar sus ideas a cada comisión y a todo foro donde se les escuche. “Queremos que se conozcan las experiencias socializadas internacionales que sí funcionan, y trabajamos gremialmente con el ánimo de apoyar las mejoras al sistema como un todo”, dice.
El bien guardado secreto del sector público
El presidente de la AVCH hacer notar que uno de los errores conceptuales en los que suelen incurrir los hacedores de políticas de salud, es la confusión de roles clave del sistema como un todo. “Una cosa es la formación de recursos; otra, el financiamiento, y otra, la prestación del servicio. Si bien la Constitución de 1999 garantiza que la salud es gratuita para todos los venezolanos, nosotros entendemos que es posible que el Gobierno se ocupe del tema de los recursos y que, como en países con un sistema socializado de salud –casos como el de Brasil, Canadá, España y Reino Unido–, tanto el financiamiento como la prestación puedan ser mixtas”.
Para González, a quien hasta los articulistas de aporrea.org citan como experto en esta materia, el sistema en general es inequitativo. “Empecemos por el financiamiento, que es básicamente privado, pues en Venezuela no hay cobertura universal. Según una encuesta 2005, contratada por el Gobierno para evaluar el tema de las drogas y realizada por un grupo europeo, 70% de la población no tiene seguro, ni público ni privado, lo que implica que los fondos que costean su atención salen de sus propios recursos. La OMS estima –porque no lo sabe: la información generada por ambos sectores es muy deficiente–, que 45% del gasto es público y el resto es privado, cuando lo justo es que 80% sea público. Costa Rica, Chile, España y Reino Unido, cumplen esa premisa”.
Pero por el lado del servicio, y a pesar de que el Gobierno es poco transparente respecto de las estadísticas, su prestación es mayoritariamente pública: hospitales, ambulatorios, módulos de Barrio Adentro, Centros de Diagnóstico Integral (CDI)... González revela que de los interrogados por la misma encuesta de 2005, 24,9% respondió que prefería las instituciones públicas y sólo 12,5% mostraba predilección por –o capacidad de costear–, la atención privada.
“Según la última encuesta de aspectos sociales que se hizo en Venezuela –en 1998, por la administración Caldera–, 35% de la gente se enfermaba iba a una consulta médica privada, 1% a instituciones religiosas y el 64% restante acudía al sistema público”, aporta el investigador, quien mantiene una columna semanal sobre estos temas en el diario Tal Cual. “Personalmente me parece más creíble lo que dice la encuesta de presupuestos familiares INE–BCV–ULA–CVG, también de 2005: 73,2% va al sector público y 26,7% acude al privado”. Visto así, no resulta muy creíble que la causa de todos los males de la salud esté en que hay “demasiado negocio” y “poca presencia del Estado” en su prestación.
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| Fecha publicada: 05/07/2010 Fuente: Producto Tema: salud
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