En la fachada de la casa de la familia González Blanco quedaron algunas marcas de balas que impactaron en la pared y que seguramente les recordarán día tras día lo que sucedió el viernes 9 de julio a las 10:20 de la noche, cuando uno de estos proyectiles traspasó la reja, la puerta e hizo blanco en el pecho de Alexander Daniel, de 16 años de edad.
'Esto se cuenta y no se cree, porque se supone que si estás dentro de tu casa, estás seguro, a salvo, pero ya vemos que no. Seguramente alguien sabrá o habrá visto quiénes eran los que se caían a tiros cuando mataron a mi hijo, pero la gente no dice nada por temor a que los maten o que tomen represalias en su contra', expresa con aire de resignación Florencio González, papá de Alexander.
El adolescente se encontraba en la sala de su casa y en las habitaciones estaban los demás miembros de la familia. La bala que lo mató salió de una pistola accionada por alguno de los integrantes de las bandas delictivas que esa noche decidieron dirimir sus rencillas a tiros. Esta vez, la locación fue la calle Cruz Verde del barrio San Miguel de la Cota 905.
'Cuando comenzó el tiroteo, le dije: `Gordo métete para la cocina', que es el área más segura de la casa. Él se levantó de la computadora, dio como dos pasos, dijo `me dieron' y cayó al piso. Ahora es horrible, porque él era el consentido de nosotros, todo era para el Gordo', recuerda su hermano mayor, Carlos González, quien se refiere al adolescente con el apodo que le daba la familia.
Desde la vía principal de la Cota 905 hasta la vivienda de los González Blanco hay menos de 150 escalones. Durante el ascenso, las fachadas de las casas que se ven de lado y lado ofrecen el mejor testimonio de lo que allí ocurre cada vez que los malandros desenfundan sus armas para batirse a tiros. En el trayecto se pueden ver paredes desconchadas, puertas agujereadas y escalones fracturados debido a las incontables balas que han chocado contra ellos.
Pudieron ser dos víctimas.
Alexander González era el menor de los seis hermanos y una semana antes de que lo mataran había terminado de cursar el tercer año de bachillerato en el liceo Humberto Parodi Alister de Los Rosales.
'Yo lo levanté y salí corriendo para llevarlo hasta el médico.
Cuando salí de la casa seguían disparando y si no me hubiese caído con el peso del Gordo me hubiesen pegado un tiro y los muertos serían dos', dice Héctor González, otro de los hermanos del muchacho.
El ambiente dentro de la casa donde murió el adolescente es de pesar. El padre asegura que todos andan incómodos porque les falta un integrante, y es precisamente el que siempre estaba allí. 'Él no se separaba de la mamá.
Sólo salía con ella', dijo. De hecho, la madre no accedió a participar en la entrevista debido al dolor que le producen sus recuerdos.
Eglimar González, única hermana de Alexander, confiesa que es de las que más lo extraña, pues dormía con él. 'Ahora duermo con mi tía, porque me hace falta el Gordo. Es raro no verlo en la computadora, que es donde siempre estaba, porque nosotros salíamos a trabajar y él iba al liceo y desde que llegaba estaba sentado allí', comenta la muchacha.
De momento, el único reproche que tiene la familia es que la policía sólo va para el barrio después de que matan a la gente o cuando la víctima es un uniformado. 'Cuando al que matan es un pendejo, ni aparecen. No creemos que haya justicia, pero sí la queremos, porque lo que hizo esa gente no es un juego de carrito. Mataron a mi hijo y tienen que pagar', asevera el papá de Alexander González. REGRESAR |