Los montos transados en el sistema Sitme del Banco Central se han estabilizado en un promedio de 25 millones de dólares diarios, cifra difícil de contrastar con lo que previamente se hacía en el mercado de permuta, desaparecido con la entrada en funcionamiento de de este nuevo esquema complementario de Cadivi. Un miembro del directorio del BCV opina que este monto demuestra que ése es el tamaño del mercado permuta y que, por lo tanto, las necesidades de quienes deben acceder a él estarían bien servidas. Sin embargo, hay señales preocupantes pues de acuerdo con las declaraciones de los importadores, esto no sería cierto y, lo que es peor, el sistema se alimenta del stock de bonos en dólares de la Banca, que es limitado. Veamos qué puede pasar.
Lo que sucede es complejo de analizar, aún con datos en mano, habida cuenta de que se trata esencialmente de un fenómeno dinámico, o sea que cambia con el tiempo; porque el famoso ceteris paribus (todas cosas estando igual) tan importante para la teoría económica, no se aplica en la realidad y esto que describimos es un claro ejemplo de ello. En efecto, no podemos tomar como buena la demanda diaria de divisas de hace dos años pues la realidad económica era otra y, en particular, el concepto de demanda solvente o sea la demanda de bienes y servicios que se manifiesta con dinero (o capacidad de crédito) para cerrar la transacción, ahora, luego de un año de recesión, ésta es bastante menor y, en el supuesto de que se asignaran todas las divisas solicitadas, es probable que sólo una parte de lo importado se vendería. Pero seguramente el resultado sería una rebaja de los precios; mientras que con el sistema de asignación actual, la escasez (o su percepción) va a producir el efecto contrario.
Dicho en otras palabras, este es un tipo de mecanismo de asignación relativamente opaco al que, en el caso que describimos, se agrega otro particularmente restrictivo, cual es obligar a la banca a deshacerse de sus posiciones en divisas (que tiene legalmente para entre otras cosas respaldar las transacciones de cartas y tarjetas de crédito internacionales). Esto, a su vez, crea un incentivo perverso que consiste en restringir la oferta de divisas para alargar la vida del stock en la esperanza de que algo suceda y se alimente ese mercado de otra manera, o se permita el permuta de nuevo. Sólo sobrevivirán los mas aptos en esta lógica nada revolucionaria. REGRESAR |