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Usted sostiene que a Venezuela le resulta más costoso importar desde Colombia que comprar en otros países. ¿En qué fundamenta esa apreciación?
De los datos obtenidos directamente del sistema de información de la Dane, la Dirección de Aduanas e Impuestos de Colombia, con los cuales hicimos un ejercicio con los rubros más importantes de la cesta que exporta Colombia a Venezuela. Hicimos una comparación de los precios CIF (costo, seguro y flete) de los productos que envían Colombia y Argentina hacia Venezuela.
-¿Qué determinó la investigación?
Sorpresivamente encontramos unas diferencias inexplicables en el sentido de que algunos precios de exportación de productos colombianos a Venezuela resultaron ser mucho mayores, cuando pudiéramos pensar que por ser vecinos y tener una infraestructura tan amplia entre los dos países para el transporte aéreo, marítimo y terrestre, los precios deberían ser muy inferiores al menos en lo que corresponde a costos de flete, transporte, nacionalización, seguro, etcétera.
-¿Cómo se explica eso?
Sobre esto hay que hacer una investigación profunda, son datos de la realidad, estadísticas colombianas, por lo que nadie puede refutarlas. Allí hay una situación extraña, estábamos hablando de precios CIF, lo que incluye transporte, nacionalización y seguro. Es absurdo. Se trata de precios. Alguien podría decir que hay una manipulación cambiaria que genera una distorsión de los precios. Pero ese argumento no es válido aquí porque estamos hablando de dólares constantes, dólares otorgados a través de Cadivi o del sistema Aladi, donde no interviene un mecanismo especulativo.
-¿A qué responde la especulación?
Los únicos costos que habría que agregar para efectos de la formación de precios es transporte, seguro, nacionalización, porque, teóricamente, si usted tiene un producto allá en dólares, ese mismo debe ser el valor aquí, más los costos y el manejo interno de la comercialización. Pero, definitivamente, allí hay una gran distorsión que sólo se explica a través de un proceso especulativo que está vinculado a las cadenas de comercialización de estos productos desde Colombia hacia Venezuela. La comercialización se hace a través de grandes corporaciones internacionales que realmente no son productoras, simplemente son gestoras de la colocación en el mercado externo, en este caso, el venezolano, de esos productos, con lo cual manejan la logística de la operación de venta propiamente dicha. Ahí se está dando una inflación de precios, una distorsión que no beneficia a los productores colombianos, que hace que los que realizan la comercialización se lleven la gran tajada y generen hacia Venezuela un efecto inflacionario, porque esa es un inflación importada. Ese proceso especulativo es estructural y debe ser evaluado a fondo, porque en los términos de la relación comercial entre ambos países debe superarse el problema para tener relaciones transparentes, para que sea viable y equilibrada.
El carrusel
-Usted ha denunciado irregularidades, no sólo en la relación comercial sino en la deuda contraída con los exportadores colombianos.
Hemos detectado sobrefacturación de productos, es decir, el incremento del valor del bien en la factura para lograr una asignación en divisas mayor. Ese es un fraude desde todo punto de vista, contra el Estado venezolano, que lo comete la empresa venezolana que importa y el exportador colombiano, y que, además, afecta al consumidor. También está la superfacturación, que algunos llaman el efecto carrusel, algo insólito. Es un proceso en el cual se emiten varias facturas sobre un mismo bien.
-En Colombia están investigando este asunto...
Han dicho que están investigando, incluso nosotros esperamos los resultados, y aquí, por supuesto, hay un proceso de evaluación muy riguroso a los efectos de la deuda declarada. Va a ser necesario hacer una comparación entre el valor declarado al Fisco colombiano, en la factura de exportación, y la factura de importación declarada ante Cadivi. En ese cruce se podrá determinar hasta qué punto este fenómeno se produjo en esta etapa del auge, entre comillas, comercial. Y se va a sincerar el volumen de esas exportaciones, porque hasta ahora manejamos el valor monetario pero no la cantidad de bienes importados. La conclusión que podemos sacar es que se construyó un mito desde el cual importar desde Colombia es más barato debido a las ventajas comparativas de ser países vecinos, de tener una infraestructura desarrollada por vía terrestre, marítima y aérea, y que esas ventajas comparativas implícitas generaban un abaratamiento de los costos y de los precios con el beneficio a los consumidores venezolanos. La realidad está demostrando que no es así. Ha habido un abuso, un exceso, y alrededor de este esquema se han estructurado mafias que es necesario identificar para el bienestar de nuestros pueblos, para que las relaciones sean transparentes y equilibradas.
Deuda
El Gobierno tiene la voluntad de reconocer las obligaciones
-¿Desde cuándo están ocurriendo estas irregularidades?
El año del boom del intercambio, que tomamos como referencia, es solo una muestra. No hemos hecho otra vez el ejercicio, hay que hacerlo. Pienso que vale la pena tenerlo en cuenta como un alerta e investigar a fondo cuáles fueron las empresas involucradas, por qué se produjo este fenómeno, cuáles fueron los interlocutores en Venezuela, porque definitivamente hay que hacer un saneamiento de esa estructura de comercialización porque no se puede dejar a las manos invisibles del mercado una relación tan importante que debe ser vigilada, no sólo por los Estados sino por la sociedad.
-¿En qué consiste el llamado carrusel?
Este fenómeno, también llamado superfacturación, implica que un bien que es exportado hacia Venezuela es devuelto a Colombia, o sea, se reexporta a ese país, que luego lo vuelve a exportar hacia Venezuela. Esos casos han sido denunciados, pero es necesario documentarlos para tener elementos objetivos y castigar a los responsables.
-¿A quién corresponde investigar?
A cada gobierno. Hay una voluntad política que se ha hecho presente en esta nueva etapa de la relación entre ambos países, de compartir información, cooperación y desenmascarar esta maraña que ha estado detrás de este fraude, de esta distorsión del comercio entre los dos países, con un fuerte impacto económico, social y fiscal.
Compromiso pendiente
-La semana pasada se anunció que se iba a comenzar a pagar la deuda. ¿Hay algún avance?
No iría más allá de lo que se ha anunciado. Se reconocerá la deuda que está suficientemente documentada y verificada por Cadivi. El Gobierno venezolano tiene la voluntad de reconocer y honrar las obligaciones que se tengan.
-La Cámara Colombo-Venezolana habla de 746 millones de dólares.
En realidad no manejo esa información. Se está en un proceso de verificación, de manera que no hay una cifra definitiva. Se han manejado muchas cifras, han sido variables, pero lo mejor de todo esto es hacer ese trabajo de manera muy discreta y concertada para no crear falsas expectativas, para que haya una acción que sea satisfactoria para las partes.
- Tomando en cuenta el tema de los ilícitos, ¿no demoraría más el pago de la deuda?
En la medida en que la verificación se haga más rápido, se podrá responder en breve tiempo.
- ¿Tiene idea de qué parte es ilegal de la deuda?
Esto que se va a pagar -200 millones de dólares- sí está documentado. Por eso se anunció de una vez.
-¿A qué período corresponde ese pago?
Al que se ha acumulado.
-¿Ahí entran las líneas aéreas?
No lo sé. Este es un tema que Cadivi conoce mejor.
-¿Cree usted que va a ser fácil retomar la relación de negocios después de un año de conflictos?
Creo que hay una voluntad política, de ambos países, de ambos gobiernos, de manejar un agenda bastante amplia, donde lo económico es un aspecto muy importante, pero no el único. Hay aspectos que son claves. Son cinco comisiones, algunas tienen que ver con el corto plazo, como es el caso de la deuda y esclarecimiento de los fraudes en aras de la transparencia; hay una de economía que trabajará la relación económica vista desde una perspectiva mucho más amplia que lo comercial. Hay una voluntad de avanzar en la integración, pero todo llevará su propio ritmo. Lo importante es que este trabajo se ha iniciado generando una expectativa positiva, una voluntad de ambos gobiernos de transitar un camino de entendimiento, de convivencia pacífica, aun cuando puede haber diferencias.
- ¿Qué expectativa de movimiento comercial maneja hacia fines de año?
Eso es impredecible. Es como una máquina que se detuvo un tiempo, para volverla a arrancar también se va a llevar un tiempo. Estará asociado al ritmo de avance de las comisiones para ir construyendo el camino, porque se trata de una relación bilateral.
ilícitos
Hay voluntad política en esta nueva etapa de la relación
- Colombia ha denunciado discriminación de sus exportadores por parte de organismos venezolanos.
No conozco esas denuncias.
- Tiene que ver con la no emisión de certificados de no producción, con la demora en el pago de la deuda, con la no entrega de permisos sanitarios.
Habría que ver caso por caso. Insisto, más que ver hacia atrás, vamos a tratar de ver hacia adelante para ir reconstruyendo la confianza. La sobrefacturación y especulación son elementos que gravitan sobre la confianza en la relación. Estos asuntos tienen que abordarse porque son muy gruesos. Hay que pensar también que la balanza comercial sufrió desequilibrios muy grandes. A partir de esa relación nosotros nos convertimos en compradores netos y Colombia en vendedor neto. Mientras Colombia se ha ido industrializando a partir de la relación con Venezuela, Venezuela se ha desindustrializado, en lo que también pesa la deslocalización o migración de industrias hacia ese país, especialmente algunas transnacionales. Hay que revisar la relación porque eso ha llevado también a que Venezuela sea un exportador de materias primas y Colombia un exportador de productos manufacturados con valor agregado, cuando lo que tenemos que buscar una desarrollo simétrico que integre las cadenas productivas y genere empleo en ambos países a partir de una relación armónica donde se puedan ir compensando estas asimetrías. Hay un conjunto de oportunidades que deben explorarse de cara al futuro, pero hay que dejar atrás ese esquema perverso que genera estos desequilibrios entre uno y otro país, consecuencia de la forma como ha operado el área de libre comercio de lo que fue la Comunidad Andina sin tener en cuenta las características estructurales de cada país. Todos estos temas están sobre la mesa, pero hay una voluntad política de cambio y eso es un signo importante.
Impacto
- ¿Cómo quedó Venezuela tras la congelación de las relaciones hace un año?
Se demostró que hay una capacidad interna del manejo de las importaciones, de la diversificación de estas y, sobre todo, de eliminar cualquier dependencia externa, porque fuimos capaces de suplir los bienes y servicios colombianos, no todos, desde terceros países con los cuales se mantienen excelentes relaciones. Estos resultados son un acierto del Gobierno bolivariano de impulsar la diversificación de las relaciones internacionales y de promover alianzas estratégicas en el marco del Alba y de la cooperación internacional, especialmente con América Latina, pero también con China, Rusia y la India. Viéndolo en perspectiva, ha permitido un fortalecimiento interno aun cuando, por supuesto, no era deseable.
Visión
Tiene que haber entendimiento, una relación equilibrada
- ¿Cree que se podrá retomar totalmente la confianza?
Sí creo, tengo la fe y el deseo de que se pueda retomar. Por supuesto, esto está vinculado a los actores y es importante señalar que los medios de comunicación deben jugar un rol positivo para estimular y favorecer la relación, no para entorpecerla. No es que no se digan las cosas, se puede informar, pero tratando de que haya un clima propicio y transmitirle a la población de ambos países esta voluntad integracionista de respeto, de unión.
- ¿Cómo ve la diversificación de mercados a la que está apostando Colombia tras la congelación de relaciones con Venezuela? ¿Qué estrategia seguirá Venezuela en ese sentido?
Pienso que Colombia está en todo su derecho de buscar mercado, aunque juntos podemos lograr muchísimo más. Tiene que haber un entendimiento, una relación equilibrada, simétrica, que permita un desarrollo de ambos países y que garantice una diversificación, un fortalecimiento del sector productivo a partir de la integración de las cadenas y de las redes productivas entre ambos país, al igual que en el desarrollo de la frontera común, extensa, donde hay un conglomerado humano importante. Es necesario trabajar para el futuro en un plan estratégico que permita tener una visión sistémica de la frontera pensando en las cuencas comunes, ordenamiento del territorio, para lograr que los asentamientos humanos a ambos lados de la línea fronteriza tengan sustento material y bienestar común. REGRESAR |
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