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La exposición Arte Contemporáneo, que se exhibe desde el domingo en siete salas del Museo de Arte Contemporáneo, está conformada para sorprender a las nuevas generaciones. Para ser vista por el público joven que no vivió la época dorada que cristalizó Sofía Ímber en la institución. Para cautivar a la sangre nueva, por ejemplo, con la reinterpretación de Las Meninas, de Diego Velázquez realizada por María Eugenia Bigott, en un ensamblaje de madera policromadas. Para dejar sin aliento al ver obras de Piet Mondrian, Francis Bacon, Fernando Botero, Marisol, Henry Moore y Joan Miró.
El esfuerzo hacia las nuevas generaciones se agradece. Mirar de primera mano la creación de los más grandes del arte contemporáneo mundial es un privilegio que enriquece el alma. Pero para los conocedores, para los que estaban acostumbrados a recorrer las nuevas tendencias y las lecturas que realizaba Sofía Ímber y su equipo, es solamente eso: ver lo más de lo mismo.
Son 750 obras que se adueñan de un espacio que les he familiar. Aunque el ministro de Cultura, Francisco Sesto, afirme que se están desenterrando las piezas que se mantenían en las bóvedas de los museos.
Son 750 obras que fueron -en la mayoría de los casos- escogidas por Sofía Ímber, y que se encuentran hoy dentro de la exposición gracias a ellas.
Pero este hecho pasaba desapercibido en palabras, en reconocimiento. Pero no en la muestra. El perfume que de ahí se desprende tiene las letras de Ímber impresas; su esfuerzo y sobre todo su conocimiento por el arte. Entre líneas resulta el mejor homenaje que se le puede dar a la ex directora: mostrando la colección de obras que consiguió para el Patrimonio Nacional.
Incluso, la estrella de la exposición no es otro sino Pablo Picasso, una de las grandes conquistas artísticas de Ímber para el arte nacional. Es el rostro de la exposición, junto con la obra Busto de mujer (retrato de Dora Maar) de 1941 de Picasso, que se despliega en una gigantografía sobre una de las paredes de concreto del MAC, desde la parte de afuera. El español que llegó a Venezuela por Ímber.
La muestra se divide en 11 segmentos o temáticas que ocupan 70% de las salas del MAC. El texto curatorial que le presenta al visitante dice que se '... apuesta por una nueva manera de pensar y presentar el arte contemporáneo. Esta vez desde una perspectiva abierta y múltiple... Se aleja de los reduccionismos historicistas para apoyarse en las formulaciones teóricas...'
Guiños políticos que quedan impresos en las rotulaciones del museo y que incluyen a Picasso, Emil Nolde, Armand Guillaumin, Wassily Kandinsky, August Rodin, Jesús Soto, Lynn Chadwick, Henri Laurens, Auguste Herbin y Oswaldo Vigas en el primer segmento de la exposición llamado Revolución de las miradas.
¿Arte reciente? ¿Arte de los últimos diez años? ¿Arte que muestre el trabajo de los artistas emergentes? ¡No hay! A pesar de tener un segmento sobre Arte, contexto y reflejos que aborda el tema social de violencia, intolerancia e injusticia, las propuestas recientes de reflexión al respecto no tuvieron cabida. ¿Por qué?: Desde hace cuatro años no se adquieren obras para los museos.
'Habían obras que yo ni había visto', suelta en el medio de la sala una empleada del museo. 'Pero muchas ya se habían expuesto', le responde otro mientras recorren las salas.
El esfuerzo se nota. Las obras siguen siendo las mismas que compró Sofía Ímber. ¿Qué se desenterró? REGRESAR |
| Fecha publicada: 02/09/2010 Fuente: El Universal Tema: cultura
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