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Vivir en Venezuela es sumamente caro. Hoy día es simple corroborarlo, basta con visitar páginas de Internet dedicadas al comercio electrónico para evidenciar que podemos comprar artículos a mejores precios en el exterior que en Venezuela, especialmente los electrónicos.
Visitar otro país también nos muestra qué tan caro estamos pagando los venezolanos el hecho de haber tenido décadas de malos gobiernos, especialmente esta última que se ha hecho tan larga que casi parece un bicentenario.
Es lógico que cuando comparemos los precios en el exterior, aplicando el tipo de cambio oficial de Cadivi, todo nos parezca muy barato, debido a lo altamente sobrevaluado que está ese tipo de cambio (como ya comenté en un artículo reciente), pero inclusive se encuentran productos que resultan más económicos si realizamos la comparación con el muy alto e innombrable tipo de cambio de mercado extraoficial (lo llamo así porque tener que decir “mercado afroamericano” me parece ridículo).
Hasta cierto punto es lógico que productos electrónicos, vehículos, electrodomésticos, bebidas espirituosas escocesas y alimentos propios de otras latitudes sean sustancialmente más costosos en Venezuela, debido a que son importados desde lugares remotos.
Pero recientemente descubrí en España una situación que raya en lo ridículo, patético, deprimente o hasta vergonzoso. Una tableta de chocolate en ese país cuesta aproximadamente la mitad de lo que cuesta en Venezuela, si me equivoco que alguien me saque de mi confusión, pero hasta donde tengo entendido la producción de cacao española en los últimos años ha sido cero, por muy poco que estemos produciendo en Venezuela siempre tendremos cacao nacional para nuestros productos e inclusive para exportar a las empresas chocolateras españolas y europeas. ¡Qué ironía, qué vergüenza!
Lo peor de todo es que hasta aquellos productos que son más costosos que en Venezuela, no lo son para ellos que ganan en euros. Buena parte de los productos de consumo masivo se ubican a niveles similares a los que tenemos en Venezuela, hasta un poco por encima del doble del costo de su similar venezolano. Podríamos hablar del triple cuando nos referimos a inmuebles y unas cuatro o cinco veces cuando hablamos de derivados del petróleo (lubricantes, aditivos, etc.). Pero resulta que el salario es cuatro a seis veces superior dependiendo de cómo se calcule, por lo tanto el poder adquisitivo es sustancialmente superior al que tenemos en esta tierra tropical de “felicidad”.
Peor aún resulta la comparación del poder adquisitivo cuando tomamos en consideración que los costos médicos y los gastos producto de la inseguridad en que ellos tienen que incurrir son prácticamente inexistentes.
Mayor aún sería la diferencia, si se le asignara un valor a la tranquilidad, al orden y a la plena libertad que estos conllevan. Definitivamente estamos pagando muy caro la incompetencia de unos politiqueros baratos. REGRESAR |
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