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Hace unas semanas, en medio del océano bibliográfico de los 300.000 documentos que integran los archivos del general Antonio Guzmán Blanco, la historiadora Vilma Lehmann halló una joya documental: "Mientras revisaba los libros `copiadores’ de Guzmán conseguí el Tratado de Coche, que es el documento que pone fin a la Guerra Federal. Tiene un enorme peso encontrar un documento original, eso te ratifica el sentido real de la historia".

Este descubrimiento tuvo lugar en las colecciones de la Fundación John Boulton, donde reposa uno de los archivos privados más importantes del país. Los aportes de este repositorio para la historiografía venezolana son fundamentales, puesto que allí se atesoran libros, papeles, documentos y correspondencias pertenecientes a Simón Bolívar, José Antonio Páez, Antonio Guzmán Blanco, Sir Robert Ker Porter, Eduardo Rohl y Lord David Eccles.

Mientras hojeaba con fervor las páginas del antiguo documento, la investigadora Inés Quintero comentaba: "Uno como historiador tiene la manía de tener la fuente original en la mano; por supuesto que no dudas de la legitimidad de lo que has visto transcrito, pero tener la posibilidad de ver el original es fundamental.

Es lo mismo que tener en las manos el Decreto de Guerra a Muerte o el acta del 19 de abril; para mí, que tengo el vicio de la historia, es algo de una enorme significación".

En abril–mayo de 1863, luego de cinco años de luchas intestinas que se tradujeron en el conflicto bélico más cruento vivido en tierras venezolanas, aparte de la lucha independentista, se firmó el Tratado de Coche. Era el encuentro final de las dos facciones que pugnaban por el poder.

El académico Elías Pino Iturrieta asevera: "Las cabezas de los dos bandos, federales y constitucionales, delegan en Antonio Guzmán Blanco y en Pedro José de Rojas la suscripción del convenimiento para concluir una matanza que cumplía cinco años. Guzmán era el secretario general de Juan Crisóstomo Falcón, quien ya se titulaba de Presidente Provisional de la Federación; y Rojas actuaba como secretario general de Páez, quien se hacía llamar Jefe Supremo".

El oficio metódico y paciente que rige los ritmos de la sistematización y organización de documentos históricos produce hallazgos como el presente, donde el azar refresca la memoria histórica.

Lehmann comenta la importancia del convenio: "Es parte de nuestra historia. El Tratado de Coche es nuestro pasado, nos guste o no, y eso no lo podemos dejar de la do. Su intención era ponerle fin a la guerra. Ya había demasiados muertos y saqueos que devastaron al país. Era una manera de ponernos de acuerdo y establecer la paz.

Además, los federales estaban a punto de atacar Caracas y a Páez le interesaba frenar eso".

La historia es conocida. Poco después, José Antonio Páez abandona el país y Juan Crisóstomo Falcón deja la presidencia en manos de Antonio Guzmán Blanco. Por espacio de 19 años, "el ilustre americano" ejercería el poder dejando su impronta en la historia venezolana: "Él representa ese rompimiento con la tradición española luego de la Independencia, por eso su fijación con Francia, que era el país más revolucionario, que era el centro del mundo occidental en cultura, política y ciencia", explica Lehmann.


Un tratado polémico.


Múltiples son las críticas que el pacto establecido en este documento ha recibido a lo largo de los años. Es citado negativamente con frecuencia, como lo hizo el ministro Wiliam Lara en su columna (El Nacional, 26/03/07): "Esta vez no habrá victoria de los traidores. No prevalecerán quienes desean imponer sólo un cambio formal, gatopardiano, guabinoso. No habrá un Zamora asesinado ni un Tratado de Coche, consagratorio del crimen y la traición".

Sobre el tema, Pino Iturrieta explica: "El triunfo federal era evidente, estaba a la vuelta de la esquina por las divisiones entre los godos, por su falta de apoyo popular y por las carencias de su ejército. Entonces, ¿por qué un arreglo entre cuando la masa estaba para un suculento bollo? Entre las decisiones de Coche estuvo la celebración de una Asamblea Nacional de 80 miembros, que serían elegidos equitativamente por Falcón y Páez, como si el país dependiera de ellos solos".

La gravedad de este aspecto es comentada ampliamente por el director de la Academia Nacional de la Historia: "El documento también provocó infinitos rumores en torno a los negocios que pudieron hacer sigilosamente Guzmán y Rojas, quienes resolvieron lo conveniente y lo inconveniente sin consultarle a nadie.

De allí el nacimiento de una república chucuta, se pudiera decir".

Pese a ser denostado por algunos historiadores, que ven el acuerdo como la consumación de la traición que Guzmán Blanco y Falcón le propinan a la Revolución Federal, el investigador Tomás Straka acota: "Visto en su contexto, el Tratado amerita una ponderación mucho más sosegada: acabó, de forma civilizada con una de las matanzas más grandes de todas cuantas sufrió el país en el siglo XIX permitiendo nada menos que el respeto a la vida y los bienes de los vencidos, y la posibilidad de su salida del país sin demasiados obstáculos y en medio de un gobierno de transición. Eso no es poca cosa".

Luego de la firma de este documento, el liberalismo dominará los destinos políticos de Venezuela en las cinco décadas siguientes. La valía de este ensayo ideológico es ponderada por Straka: "En las medidas que en lo inmediato establecen los federales –como el Decreto de Garantía– o en las que más adelante impondrá el gran triunfador de la hora, Guzmán Blanco, intentarán uno de los ensayos de reforma más hondos y, a trechos, afortunados de Latinoamérica. Se sentaron las bases de mucho de lo mejor de nuestra jurisprudencia y de las conquistas sociales que se proyectan hasta hoy, indistintamente de las justas críticas que podemos ponerle a su desempeño de entonces".


El valor de la fundación.


No se pueden dejar de lado los aportes que a la investigación y difusión de los valores históricos hacen organismos privados como la Fundación John Boulton.

La preservación de nuestra memoria histórica es el acicate de estas empresas que ayudan, en palabras de Pino Iturrieta a reconstruir a cabalidad la historia moderna de Venezuela: "Es un tesoro de evidencias imprescindibles para la apreciación de nuestra modernidad. Por fortuna, los tienen a disposición de los investigadores y de los curiosos, aunque rendirían una labor más eficaz con la ayuda oficial. Sé que la Fundación Boulton ha recibido auxilios del Conac, pero se requieren mayores aportes para poder organizar a plenitud la documentación, para tener una biblioteca más eficiente, para ediciones y exposiciones.

Ojalá la oportunidad de Coche llame la atención sobre este invalorable caudal de testimonios". REGRESAR


Fecha publicada: 08/08/2007
Fuente: El Nacional
Tema: acerca

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