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La pérdida de apetito en un niño pequeño se vive, muchas veces, como una amenaza para su salud. Cuando un niño deja de comer puede estar reflejando algunas dificultades de adaptación en su vida cotidiana.
La psicóloga Elisa Fuentes señaló que entre los dos y seis años la mayor parte de los niños pasan por más de un episodio de inapetencia que se resuelve de forma espontánea sin originar ningún problema, salvo a sus padres.
Indicó que este tipo de conflicto lo utilizan muchos niños para llamar la atención, porque "no saben cómo expresar con palabras cuando quieren conseguir algo importante".
Cuando esta situación se plantea, los padres se enfrentan a algunos miedos muy arraigados culturalmente, especialmente si es el primer hijo: "Si no come todo el plato, no se alimenta bien", "no come todo lo que debe", "si no come, se morirá", "si no fuera por mi insistencia ya estaría enfermo por no comer"... son algunas de las expresiones más frecuentes que utilizan para plantear la situación.
La especialista advierte que si no come, no sirve de mucho insistir o castigarle, es mejor emplear una actitud más neutra, quitándole importancia al hecho de no comer. De la misma forma, tampoco se le debe premiar el que coma, pues así se le haría entender que cuando se acaba todo el plato nos hace un favor y estamos favoreciendo la manipulación".
Con frecuencia los padres se extrañarán de que su hijo coma bien, -incluso alimentos que en casa no prueba-, sólo cuando quien le sirve la mesa no es la persona habitual o cuando lo hace en el comedor o la guardería. Resaltó que, en realidad, este hecho no refleja más que el problema de relación con la comida que se ha establecido en la familia y que es una cuestión de hábitos que se pueden mejorar.
Mencionó que una forma de valorar si la alimentación es adecuada es, por ejemplo, apuntando lo que come durante una semana; con este registro se puede estimar muy bien la diversidad de la dieta.
El mismo sistema se puede emplear cuando se quiera ampliar la variedad en el menú.
No obstante, un niño sano al que se le ofrece regularmente una comida adecuada, no se alimenta mal aunque tome muy poca cantidad, e incluso si algún día casi no consume nada. Se le debe ofrecer una dieta variada y completa, y según las edades las raciones serán de mayor o menor tamaño.
Advirtió que es recomendable que los padres atiendan este problema a tiempo, porque puede generar trastornos alimenticios en el pequeño. "Hay que tener presente que no es raro que un niño que durante los primeros años fue inapetente, con el paso de los años sea un adolescente obeso".
CONSEJOS ÚTILES
Alternativas
Proponga un menú escrito para toda la semana. Si el niño tiene más de dos años, el régimen debe ser el mismo que el resto de la familia. El escribirlo evitará que se hagan cambios para adaptarse más a sus gustos en el caso de que no quiera comérselo.
Costumbre
Los niños se sienten mejor si se respetan sus rutinas. Les ayuda a centrarse el comer siempre en los mismos lugares. Si una vez come en la cocina, otra en el salón y al día siguiente en casa de la abuela, se distraerá mucho.
Busque ayuda
Si tiene dudas sobre el estado físico de su hijo o si aprecia síntomas como diarrea, vómitos o un dolor persistente en relación con su pérdida de apetito consulte a su pediatra.
Limítele el tiempo.
Los niños pequeños no suelen tener buenas referencias del tiempo que emplean en hacer algo. Para ayudarles se les puede poner un cronómetro de cocina.
Evite la televisión
La TV no debe ser su compañero habitual en ese momento tan importante, al igual que leerle cuentos o ponerse a jugar con él. REGRESAR |
| Fecha publicada: 19/09/2007 Fuente: Últimas Noticias Tema: salud
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