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Antes del Viagra las cosas eran muy complicadas para los machos vernáculos. Cuando levantaban alguna jeva la angustia se les pintaba en el rostro por el temor a fallar a la hora de entrar a matar. Y por supuesto, eran muchos los remedios que se aplicaban para alcanzar el éxito, que de todas maneras no estaba asegurado. Los remedios comenzaban en la intimidad con los baños escrotales con agua que contenía gas carbónico. El individuo compraba algún carbonatado en la botica, iba a su cuarto y lo echaba en una batea con agua tibia, y se sentaba allí a esperar que el milagroso gas le despertara los dormidos deseos sexuales.
Si el actor estaba muy débil, lo que todavía se usa en Cojedes, se sentaba también en una batea, pero en la que había numerosas claras y amarillas de huevo crudas revueltas como para una tortilla. Se supone que si la debilidad es grave, el ano se chupará aquellas proteínas y sus resultados pasarán "directamente al vecino".
Es decir, de esa manera se logrará la paradura del niño.
Muchos médicos recomendaban a los clientes de las muchachas de vida alegre, oler primero el altar de Venus. Pero muchos que pasaron del nariceo al beso perdieron hasta las amígdalas debido a las infecciones que succionaron. El hedor, según esos médicos, estaba relacionado con enfermedades venéreas, y por lo tanto es un aviso de posible contagio.
Por otro lado, ellas también la pasaban muy mal por los tabúes que la sociedad les imponía. Por ejemplo, eso de que él se bajara lo consideraban una cochinada de tal naturaleza que cuando él comenzaba el lengüeteo, ellas iniciaban las arqueadas para vomitar como repulsa a la maniobra. Ellas realmente creían que ese lugar que parece una orquídea, es sucio. Y por lo tanto muchas ni siquiera osaban tocarlo y menos permitir caricias orogenitales.
Realmente el sexo se modernizó en Caracas, y por extensión en casi toda Venezuela, en los años 40 del siglo pasado, con la llegada de las francesas. Eran mujeres desplazadas por la Segunda Guerra Mundial, que se prostituían para sobrevivir y que sentaron sus cuarteles en Ciudad Tablita, donde hoy está situado El Silencio.
Por primera vez los putañeros tenían a su alcance despampanantes catiras que ofrecían "los tres platos". Es decir, tres vías de penetración.
La oferta desplazó a las criollas, a quienes no les quedó otro remedio, si querían competir, que aprender aquellas técnicas que les eran tal repulsivas. Y por supuesto poco a poco fue permeando el nuevo estilo, al extremo de que en poco tiempo todas conocían sus secretos. Y lo disfrutaban. Pero en Lara había una curiosa forma de ofrecer esos servicios. Ella generalmente le decía al cliente: "Bartolo tenía una flauta,/ con un agujero solo./ Y la mujer le decía:/ ¡Toquemos flauta, Bartolo!". REGRESAR |
| Fecha publicada: 01/10/2007 Fuente: El Mundo Tema: sexo
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