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Decía Napoleón que "una forma de gobierno es hacer tantas leyes que nadie esté seguro de no ser colgado". Por lo general en los totalitarismos, cualquiera sea su signo, sus gobiernos abundan en leyes que terminan en un laberinto y finalmente el señuelo espera por la víctima.
Desde el momento en que el presidente Chávez propuso su reforma constitucional que, para muchos, es de hecho una nueva Constitución, el Ejecutivo ha estado oficializando una serie de leyes y resoluciones al margen incluso de la Ley Habilitante, la cual por lo demás, no se le ha mencionado más desde el cenáculo oficialista, pero cuyo zarpazo en su momento se hará sentir.
En la Gaceta Oficial del viernes último, aparece entre su contenido la Ley del Impuesto a las Transacciones Financieras de las Personas Jurídicas y Entidades Económicas sin Personalidad Jurídica que, hablando en cristiano, no es más que el regreso, repotenciado, para la empresa privada, del malhadado Impuesto al Débito Bancario.
La nueva legislación tal como está contenida, se convierte en otro golpe oneroso para el empresariado, leonina por lo demás, pues su costo indeducible del Impuesto sobre la Renta, se traduce en una erogación extra del ciento por ciento. Incluso, la nueva disposición es más draconiana que el IDB, que originalmente era del medio por cierto hasta que se le eliminó, pero ahora va más allá y se establece en el uno y medio por ciento, todo un dineral, porque la medida contempla todas las transacciones bancarias expuestas a ese tipo de impuesto.
Ni siquiera escapa al pago de una deuda que cancele el empresario.
Esta nueva carga impositiva se suma a las ya establecidas en nuestro código tributario, como el Impuesto sobre la Renta, el Impuesto al Valor Agregado, los impuestos parafiscales como el INCE, el Seguro Social, la Ley de Política Habitacional, Conatel (en caso de empresas radioeléctricas), el Seguro de Paro Forzoso, los impuestos municipales, igualmente leoninos, pues se calculan a base de ingresos brutos, sin contemplar los costos empresariales.
Mientras en Venezuela se castiga a la empresa privada, otras naciones de la región por el contrario incentivan la inversión y reducen las cargas impositivas, con el fin de atraer inversores tanto internos como externos. Es la diferencia entre el progreso y la persecución REGRESAR |
| Fecha publicada: 09/10/2007 Fuente: 2001 Tema: gobierno
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