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Los residentes de esta Venezuela que siempre han querido y aspiran a regirse bajo una democracia, en pleno disfrute y goce de sus derechos dentro del marco de las leyes, se sienten sofocados, asfixiados, ante la propuesta presidencial, llamada reforma constitucional, y ampliada luego a la Asamblea Nacional para que también haga sus propuestas.
Desde la década de los 60, cuando la guerrilla castro-comunista financiada desde Cuba intentó destruir los cimientos democráticos de nuestro país, se encontró de frente a unas Fuerzas Armadas Nacionales que sacrificó vidas y virtió sangre en defensa de unos principios que tan caro han pagado hombres y mujeres de este país.
Hoy, ya en el siglo XXI, los venezolanos tenemos ante sí una situación sumamente delicada, donde se juega el futuro de nuestros jóvenes y de nuestros niños, es la suerte de una sociedad toda.
La pretensión gubernamental es imponernos la institucionalización de una reforma que muestra el rostro de un socialismo fracasado en el mundo entero, un modelo que desvirtúa la esencia del juego democrático cuando pretende imponer una ideología única, un mandato único, con un aspirante único con el derecho de ser reelegido indefinidamente y el sometimiento de nuestros niños y jóvenes a la tutoría del Estado.
Las semanas por venir serán cruciales, pues la Asamblea Nacional además de avalar la propuesta presidencial, tendrá también sus añadidos parlamentarios que, por supuesto, extremarán aún más las pretensiones de tinte socialista.
El Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, de visita en Venezuela puso el dedo en la llaga por algunas de las medidas económicas que ha establecido el Gobierno y particularmente señaló la corrupción que conlleva los controles de cambio.
Este Gobierno ha decidido eliminar la establecida democracia representativa para imponer la que llama democracia participativa, pero quiere el fin de la descentralización que tan buenos resultados ha dado no sólo en Venezuela sino en el mundo también.
Que reflexionen seria y profundamente los venezolanos, el futuro es lo que está en juego. Lo sensato sería mantener la Constitución de 1999 sin cambio, útil para la inmensa mayoría nacional cualquiera sea su ideología política. REGRESAR |
| Fecha publicada: 15/10/2007 Fuente: 2001 Tema: gobierno
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