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El régimen mantiene una relación sui generis de dádivas con los sectores más desfavorecidos de la población y parte de la clase media; por supuesto que ello no se conjuga con el llamado socialismo radical, definido por el tratadista Giovanni Sartori como "la bóveda del miedo", sentimiento que se amplifica en la medida en que se ponen en riesgo las libertades. Vivimos un socialismo a juro, donde cualquier decisión es luego anulada o neutralizada en paralelo por otras decisiones, que hacen inviable la gobernabilidad.
La perversión extrema es calificar un programa social por la magnitud del gasto, sin entrar en consideraciones sobre su eficacia, ni practicar auditorías que comprueben si los recursos llegan efectivamente a las áreas populares. La realidad es que hay una explosión de presupuestos dirigidos hacia el pueblo y una notoria deficiencia en los resultados: pareciera que es más importante el efecto demostración que los ciudadanos beneficiados por la magnitud del gasto. REGRESAR |
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