Una suerte de paranoia colectiva cunde en los hogares carabobeños cuyos miembros se sienten prisioneros en sus casas. Las personas actúan con recelo en la calle ante la posibilidad de convertirse en víctimas de una escalada de violencia que el año pasado (2007) dejó saldo de 1.577 asesinatos y que en lo que va del presente año (2008) ya superó los 250 casos: Una proyección hacia más de 2 mil homicidios a final de año.
Hasta el 16 de febrero, el incremento con respecto a los dos primeros meses de 2007 es de 14%, y aún faltan once días para culminar el segundo mes de este año.
Mientras los ciudadanos mueren en la vía pública, en cualquier parque o estacionamiento, sitiados por la inseguridad, apenas un centro comercial les queda como espacio para sus cavilaciones. Casi no compran, pero se sienten más seguros.
Las consideraciones anteriores corresponden a Eloy Rutman, criminólogo, profesor universitario y ex decano de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de la Universidad de Carabobo, quien asegura que 'esa es la tragedia del crimen que forma parte de nuestra vida y que llevamos en el inconsciente, que nos mata y nos lleva a la barbarie. Con las luces de la ciudad que crece, se muere la esperanza de nuestros hijos, nunca sabremos si regresan, vivos, hasta que los tocamos'.
Durante el último lustro es una constante el hecho que cada lunes los diarios locales den cuenta de la sumatoria de asesinatos registrados los fines de semana, entre 10 y 20 homicidios en promedio, siempre con énfasis en la zona sur de Valencia.
Se reseña una suerte de parte de guerra en los que, en una larga lista, se enumeran los fallecidos, su identidad, cuántos balazos le propinaron y el lugar donde fueron asesinados.
Ajusticiados anónimos
El Cicpc regional informa sobre las investigaciones abiertas en todos los casos de homicidio.
Los presuntos ajustes de cuentas son los móviles más frecuentes; le siguen en número venganzas, resistencia al robo, enfrentamientos con cuerpos de seguridad del estado, riñas, muertos al quedar en la línea de fuego, sicariato y robo, pero, actualmente la mayoría de los casos los móviles aún están por determinar.
El profesor Rutman refiere que la delincuencia organizada del robo y hurto de vehículos, tráfico de droga, extorsión y secuestro está conformada por sujetos activos que matan y lesionan, mientras que los medios de comunicación y los cuerpos policiales destacan los resultados de estos como ajustes de cuentas.
'Nunca se sabe las razones de la muerte de la persona (reseñada en la sección de sucesos), nunca se abre una investigación penal, es sólo eso, un ajuste, barbarie, una especie de sentencia anticipada contra personas, contra ciudadanos que nunca se sabrá de su nombre ni de su causa. Son los anónimos sujetos que mueren, cuyo resultado no tiene juicio ni proceso', apunta el académico.
Rutman señala que nunca se sabe de donde sale los disparos, 'se supone que son ajustes, pero los sujetos activos, los que los matan, están libres, al lado de nosotros, impunes, igual los que roban o hurtan los vehículos, nunca los reconocemos.
Dice que en Venezuela existe una delincuencia vieja, la formal de cuello sucio y pobre, que comete delitos diversos por diversas causas y que padece una incultura profunda, con precario acceso a la educación y con un acentuado desarraigo familiar. 'Esos son los asistentes del sistema carcelario en su gran mayoría. Son los condenados de la tierra que en su círculo de droga, violación, hacinamiento y ocio, son siempre una causa para que nunca se produzca en ellos la resocialización constitucional. El péndulo histórico, si sobreviven, los lleva nuevamente al delito y en ese círculo, resulta un espejismo la llamada resocialización', afirma. REGRESAR |