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Se acabó el '`ta barato dame dos', se acabaron los viajes seguidos al exterior. La gente dejó de comer manzanas y de usar todo aquello que, pese a ser importado, era consumido por buena parte de la población. El viernes negro, 18 de febrero de 1983, imprimió en el recuerdo de muchos -tal como fue- una sensación de que el bolívar perdió su valor, mientras el poder adquisitivo se vino abajo, aunque ese año la inflación fue de un dígito (7%).
Hablar de la aplicación de devaluaciones y de controles cambiarios se torna de fácil comprensión en la actualidad, considerando que desde 2003 el tipo de cambio del dólar respecto a la moneda nacional está anclado con la imposición de un sistema de administración de divisas que es conocido por todo aquel que quiera viajar, comprar por internet o estudiar en el exterior.
Sin embargo, es necesario aclarar que existen diferencias en las realidades de un mismo país, en el que desde hace 25 años se han implantado tres controles de cambio, cuyas causas han sido disímiles, mientras que las consecuencias para muchos han sido las mismas, haciendo la salvedad de que, en materia de eficiencia, el actual sistema ha sido superior en comparación con el que se adoptó en aquella época, con la tecnología como su principal aliado.
LA NECESIDAD
Ese viernes negro, en el que el dólar pasó de costar 4,30 a 7,50 bolívares (antes de ejecutar el sistema diferencial), fue la derivación de una serie de hechos que afectaron la estabilidad económica de Venezuela. Principalmente, la caída en los precios del petróleo y el incremento de la deuda externa fueron los factores que llevaron a que obligatoriamente se devaluara la moneda en el último año de mandato del para entonces presidente de la República, Luis Herrera Campins.
El economista Ronald Balza refiere que tanto el depreciar el valor del bolívar respecto a la moneda estadounidense, como la posterior implantación de un sistema de administración de divisas a través del Régimen de Cambio Diferencial (el famoso Recadi), era necesario, aunque en los cuatro años de su duración no se pudo evitar la caída de las reservas internacionales, como resultado de la consecutiva reducción de los costos del crudo.
Adelanta el experto que la medida fue tan necesaria como lo es ahora mantener la política cambiaria, argumentando inicialmente que ni el país, ni el Gobierno podrían soportar las consecuencias inmediatas de liberar el control.
'Se logró frenar la fuga de capitales que había derivado de las propias políticas económicas que se habían aplicado. Las reservas continuaron en descenso, porque al igual que en la actualidad y que incluso en el 94 cuando se implantó otro régimen cambiario, los gobiernos de turno no redujeron -ni lo hace el actual- la expansión del gasto fiscal', señala.
A diferencia del contexto en el cual se desenvolvió el control cambiario de aquella década, marcado precisamente por los bajos precios del crudo venezolano, el actual sistema de Cadivi se inició en un año en el que los costos de la cesta petrolera comenzaron a subir hasta los históricos hoy alcanzados, realidad que ha permitido, entre otras cosas, mantener el nivel del respaldo monetario del país, el traspaso de divisas a fondos de desarrollo y el gasto en ascenso.
'Una de las cosas que hace deficiente la estrategia cambiaria actual es que el Ejecutivo logra alcanzar los objetivos deseados en materia de ingresos y de mantenimiento de las reservas, pero al mismo tiempo crea todas las condiciones para que la gente no quiera tener bolívares en su poder, sino dólares. Lo idóneo, en el corto plazo sería que se aplique una flexibilización del sistema y que se convierta realmente en un proceso de administración de divisas'. REGRESAR |
| Fecha publicada: 22/02/2008 Fuente: El Mundo Tema: economia Tags: El Dólar y Cadivi
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