Una casa desolada y un portón cerrado evidenciaron ayer el cumplimiento de la decisión del Gobierno venezolano: la expulsión del embajador de Colombia en Venezuela, Fernando Marín Valencia.
El diplomático salió el mismo martes en la noche, cuando el Ministerio de Relaciones Exteriores venezolano dio a conocer la decisión. Su residencia en Campo Alegre mostraba ayer con su silencio las huellas de su partida, junto con su familia.
En la Embajada colombiana todavía quedaba ayer parte del personal por abandonar el país, que tuvo que recoger sus pertenencias a toda carrera. De acuerdo con lo pautado, hoy no debería haber nadie de esa sede diplomática en Venezuela.
'Es un duro golpe en lo personal, en lo humano', alcanzó a decir un funcionario colombiano. De hecho, quienes son padres, tienen a sus hijos inscritos en colegios venezolanos.
El ambiente en la residencia de Marín Valencia contrastó con la normalidad en el Consulado de Colombia en Caracas.
Largas filas de colombianos realizaban sus trámites, sin inconvenientes. 'Estaremos trabajando con normalidad hasta nuevo aviso', declaró una fuente del Consulado.
Pero en el ambiente se respiraba angustia: 'La situación es preocupante, somos pueblos hermanos', dijo Donaldo Henrique, colombiano con 20 años de residencia en Venezuela quien gestionaba documentos.
Henrique dijo no entender 'por qué tanta diputa si somos hermanos' y alertó que en caso de una guerra 'no serán los los presidentes quienes derramen su sangre'. REGRESAR |