La estrategia de convertir en internacional lo que en principio debía ser un conflicto bilateral (Ecuador-Colombia) explica el por qué y el cómo el Gobierno venezolano aprovecha la coyuntura para avanzar en su proyecto de crear un bloque regional, la 'patria grande', bajo las directrices de un internacionalismo de pretendida naturaleza bolivariana y socialista.
En principio el presidente del Ecuador, como el de Bolivia, forman parte integral del proyecto y el desarrollo, en sus países, de un sistema político semejante al proceso venezolano, bajo similares principios ideológicos, configuran una alianza regional dentro de la cual Colombia aparece como una gigantesca cuña que impide la integración grancolombiana y chavista.
Por eso, aun cuando desde el punto de vista militar la decisión de despachar 10 batallones (unos 7 mil hombres) a la frontera luzca como descabellada e injustificada porque Venezuela, a diferencia de Ecuador, no ha sido agredida y por tanto no hay razón aparente para declararse en estado pre bélico, desde la perspectiva del chavismo continental, expresado con aplicada diligencia por Correa, estamos ante un conflicto internacional en el cual Colombia juega un papel en contra de los proyectos de liberación, no ya nacional, sino regional. Por tanto, Venezuela no sólo tiene el derecho sino el deber de intervenir en defensa de la soberanía y de la integración subregional.
Pero lo cierto es que tanto el ecuatoriano, como el venezolano, tienen nexos con las FARC que van más allá del interés humanitario. Y eso es tan así que Uribe prefirió pagar el precio de la condena internacional por la violación del territorio ecuatoriano, antes que pedirle a Correa su visto bueno a la hora de ir por Reyes en una operación conjunta binacional. En otras palabras, temía que le diera el pitazo al guerrillero y procedió a su liquidación, consciente de que bien valía la pena el demoledor golpe contra las FARC.
Quizás no le habrá sorprendido, entonces, al colombiano, la reacción de un Chávez a quien, en ocasiones, le resulta imposible esconder sus pasiones y habrá visto, en el sentido homenaje a Reyes, una confesión tácita de la profundidad de unos vínculos (con o sin los 300 millones) que hacían de las FARC su mejor aliado, en Colombia, contra él, Uribe, el más tenebroso agente del imperialismo en la región.
Del ahogado el sombrero y, ante la tragedia, Chávez se sacó de ese mismo sombrero el pretexto, traído por los cabellos, para cercar a Colombia (Ecuador al sur, Venezuela al norte, las FARC adentro) y lanzar una campaña internacional (gira de Correa) para denunciar un hecho innegable: Colombia violó la soberanía del Ecuador. No importa, claro, que las FARC lo hicieran todo el tiempo y que el campamento de Reyes se convirtiera en un spa de turismo de aventura donde recalaban algunas bellezas del internacionalismo proletario a tomarse un traguito y echar un pie; para no hablar de un ministro ecuatoriano que confesó haberse reunido con Reyes, 'mas no en Ecuador'.
Pero la estrategia es sólo apariencia y guerra no habrá porque, como ya todo parece indicarlo, Ecuador no tiene intenciones de hacerla y menos Colombia. Chávez traslada soldados y saca sus tanques, pero de ahí no pasará el asunto porque la única forma de provocar el conflicto es que invada territorio colombiano. Y eso no está planteado. Cuando los soldados se cansen de los mosquitos, del sol y la lluvia, volverán a las mullidas camas de los cuarteles y la frontera quedará desguarnecida de nuevo. Es decir, en manos de las FARC, el ELN, el FBL y los paramilitares. REGRESAR |