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El Consejo Permanente de la OEA se reunió anteayer. Ecuador acusó, Colombia pidió disculpas, todos ofrendaron discursos de mayor o menor convicción por la soberanía ofendida y 'colorín colorado¿', prepararon su Resolución pasando la pelota a una misión del secretario general y una reunión de consulta de cancilleres convocada para el próximo día 17. Después se fueron a cenar.
Esa misma tarde fue la del lucimiento de Jorge Valero, eficiente embajador y operador político del 'rrrégimen' quien expresó sus profundas convicciones revolucionarias adquiridas acaso en sus tiempos de conspicuo embajador del presidente Caldera. Jorge blandió la espada de Bolívar con mayor virulencia y entusiasmo que los propios dueños del pleito.
Ahora queda por ver quién recoge los platos rotos y todo apunta a que -como siempre- serán los ciudadanos de a pie.
Ecuador recibió las satisfacciones que exigía y al mismo tiempo su Presidente reveló su condición de 'cachorrito' sometido a los dictados del emperador tropical Chávez. Colombia consiguió un éxito militar, político y mediático resonante al moderado precio de un regañito internacional no demasiado severo. América entera, cual vestal ofendida, se limitó a reafirmar que el principio de la inviolabilidad territorial es importante. La voluntad política no se vio muy clara.
Y hoy, ¿quién quedó en el medio del pleito ajeno? Nuestros soldaditos, el hijo suyo, mío o de la vecina, desplegados en una frontera lejana en evidente minusvalía militar con el cuento de que el operativo es sólo contra 'el imperio'. En ese mismo imperio ya vivieron su Vietnam y su Irak, guerras ajenas en las que los hijos de la patria regresan en un saco de plástico. A la gente eso no le gusta.
¿Qué puede ocurrir? Que algún accidente, algún exceso de celo o algún loco suelto promuevan un incidente cuya chispa pueda extenderse quién sabe hasta dónde en circunstancias cuando los contendientes principales ya zanjaron su pleito.
¿Y la economía? ¿Podrá un Estado incapaz de proveer alimentos a su población manejar la logística de una aventura militar? Estaríamos en condiciones de reponer equipos, instalaciones e infraestructura que pudiera resultar dañada en una confrontación?
Todo lo anterior conduce a clamar por prudencia y moderación, virtudes éstas que también parecen escasear en el Mercal de Miraflores. Proponemos a los responsables que hagan caso al consejo del ex rehén Luis Eladio Pérez: tomen unas gotas de Valeriana y piensen las cosas tres veces antes de actuar. REGRESAR |
| Fecha publicada: 06/03/2008 Fuente: El Universal Tema: politica Tags: Venezuela y Colombia
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