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Los estimados sugieren que hay 385 millones de portadores del virus de la hepatitis B y 170 millones de portadores del virus de la hepatitis C en el mundo.
Aun cuando en Venezuela no existen cifras confiables, estudios de especialistas advierten que la hepatitis B y C afecta a las trabajadoras sexuales que ejercitan su profesión sin protección, a los adolescentes que desechan el uso del condón, a drogadictos que pueden contagiarse por utilización de jeringas infectadas y a personas que tienen la mala suerte de recibir transfusiones de sangre infectada, o bien se contaminan a través de heridas abiertas, cuando ejercitan la enfermería o medicina en los hospitales.
DE LA A, A LA D
Según el Manual Merck, más de 1 millón de defunciones se atribuyen a la hepatitis B. La transmisión es principalmente oral-fecal para las hepatitis A y E, percutánea para las hepatitis B, C y D y sexual para la hepatitis B.
La enfermedad puede ser de curso fulminante (hepatitis E durante el embarazo) y pueden ocurrir infección crónica y secuelas severas (en las hepatitis B, C y D).
Las medidas de prevención incluyen seguridad en la transfusión sanguínea, uso apropiado de inyectables, promoción de prácticas sexuales seguras y, para las hepatitis A y B, vacunas.
La OMS, Organización Mundial de la Salud, ha establecido la meta de reducir la incidencia y prevalencia de la hepatitis B, por medio de programas de vacunación a menores de 1 año. Esta definición es la recomendada por la OPS, Organización Panamericana de la Salud, en la vigilancia de la enfermedad, afirma el Manual Merck.
EL TIPO B
La hepatitis B es una enfermedad hepática causada por el virus de la hepatitis B. Constituye un grave problema de salud en todo el mundo. Esta enfermedad es el segundo agente causante de cáncer (carcinógeno), después del tabaquismo: es responsable de provocar cáncer de hígado. Además, si bien tiene vías de contagio similares al VIH (virus que causa el Sida), el virus de la hepatitis B es más contagioso.
El virus de la hepatitis B está presente en la sangre y en otros fluidos corporales tales como el semen y las secreciones vaginales. Puede transmitirse cuando fluidos con el virus (aunque se trate de pequeñísimas gotas) pasan de una persona a otra a través del contacto sexual, o debido a una inyección con una aguja contaminada, o por el contacto de estos fluidos contaminados con la boca, una herida o hasta un raspón en la piel. Además, debido a que el virus de la hepatitis B puede sobrevivir, por ejemplo, en una mancha de sangre seca hasta durante un mes, es posible infectarse a través del uso de utensilios de cocina, cepillos de dientes u hojillas de rasurar que hayan sido utilizadas por una persona infectada.
SÍNTOMAS
Los primeros síntomas de infección por hepatitis B, en promedio, demoran entre 60 y 120 días en aparecer. De todas formas, sólo el 50% de los adultos que se infectan tienen síntomas; y ese porcentaje es menor en el caso de los niños. Sin embargo, entre quienes sí manifiestan síntomas, algunas personas pueden llegar a verse muy enfermas.
Los síntomas más frecuentes son: color amarillento de la piel y los ojos (ictericia); orina de color obscuro y heces claras; molestias similares a la gripe (falta de apetito, fatiga, debilidad, náuseas o vómitos); fiebre, dolor de cabeza o dolor de articulaciones; erupción cutánea y comezón; dolor en la parte alta del abdomen; intolerancia a las comidas grasas y al humo del tabaco; alteraciones del gusto y el olfato.
Aunque las hepatitis, en general, se resuelven espontáneamente en un período de entre 4 y 8 semanas, es menos seguro un pronóstico favorable en el caso de la hepatitis B que en el de la hepatitis A, sobre todo en ancianos y después de una transfusión, cuando la mortalidad puede alcanzar entre un 10 a 15%.
Además, entre un 5 y 10% de las infecciones por hepatitis B se vuelven crónicas. Existe una inflamación leve persistente del hígado, hepatitis crónica plenamente desarrollada con que puede conducir a cirrosis y un estado de portador crónico. La infección crónica también puede llevar finalmente a un cáncer hepático.
PERSONAS A RIESGO
Las personas con mayor riesgo de infección por el virus de la hepatitis B son: quienes ya tuvieron una enfermedad de transmisión sexual, hayan tenido más de una pareja sexual en los últimos seis meses o quienes planeen iniciar su vida sexual. Quienes viajan a áreas donde esta enfermedad es endémica. Entre estas áreas se cuenta: África, la cuenca del Mediterráneo, Europa del Este, Medio Oriente, América Central y del Sur. Usuarios de drogas inyectables, en especial si comparten agujas.
Las personas que se hayan realizado tatuajes o perforaciones (colocación de aros u otros objetos).
Quienes comparten cepillos de dientes u hojillas de rasurar con otras personas.
Trabajadores de instituciones médicas o de instituciones en las que puedan estar en contacto con fluidos corporales. En este grupo, se encuentran los médicos y enfermeras; dentistas y sus asistentes; técnicos de laboratorio; policías, bomberos y personal médico; empleados que manejan desechos hospitalarios; empleados de servicios funerarios, entre otros.
Existen vacunas eficaces, seguras y bien toleradas que protegen contra la hepatitis B. Su médico es quién mejor le puede orientar sobre la conveniencia y uso apropiado de estas vacunas.
Aunque algunos pacientes pueden requerir hospitalización, en la mayoría de los casos los enfermos no requieren tratamiento. Si se desarrolla la hepatitis crónica -lo que suele ocurrir entre el 5 y el 10 por ciento de los casos-, el paciente puede requerir otros cuidados y opciones terapéuticas. REGRESAR |
| Fecha publicada: 06/03/2008 Fuente: El Mundo Tema: salud
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