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Nada es tan parecido a la política latinoamericana como el turbante de Piedad. La política en su más alta y afinada expresión sirve para muchas cosas a la vez: para ocultar lo indeseable, para distraer la atención, para proyectar un aparente sentimiento regionalista y para realizar patéticas mascaradas.
La primera lazada, a la derecha, la ejecutó Colombia, al invadir territorio ecuatoriano para bombardear a un núcleo de las FARC y asesinar, entre otros, a su capo Raúl Reyes.
Ecuador, en respuesta, tira la venda hacia la izquierda, acusando a Colombia de agresor ante el mundo por mampuesto de estados Unidos. Venezuela lanza en el mismo sentido sus gritos de guerra y aposta sus hombres al pie de frontera por solidaridad y en defensa de su soberanía. Nicaragua hala también de la faja y aprieta hasta no poder ya más.
Así llega el complicado turbante político a Santo Domingo, que amenaza con convertirse en un verdadero nudo gordiano. Los primeros intentos por encontrar la punta y comenzar la vuelta atrás, los da nuevamente Colombia cuando intenta infructuosamente justificar su acción, profiriendo graves denuncias y acusando a los gobiernos de Ecuador y Venezuela de ser cómplices de los insurgentes que mantienen en vilo a su país desde hace más de medio siglo.
Uno a uno, los señalados, Ecuador y Venezuela, meten mano en el entretejido y, sin darse por aludidos frente a las 'pruebas' de intervención y de afiliación con las FARC, agregan más y más tela que enlazar. Califican a Colombia como un estado políticamente dependiente y vasallo del Imperio y una amenaza a la soberanía de los pueblos vecinos. En el centro del ritual, Argentina y Chile, se escurren por la tangente de los supuestos y se centran en el único nudo visible en medio de la madeja: la acción unilateral de un país, por plausibles que sean las razones, son absolutamente inaceptables.
Cuando el ruido de los sables ya enmudecen las palabras, cuando el rugir de los aviones callan los discursos, cuando el fragor de la artillería se erige como la voz suprema en medio de un entretejido dialéctico imposible de desanudar, el milagro se produce y como suelen ser los milagros, éste se dio sin previo aviso y de la manera más natural, dejando sin aliento no solo a sus protagonistas sino a los millones de latinoamericanos que presenciaron el inédito ritual.
Sin saber cómo ni por qué, de repente, los nudos comenzaron a aflojarse, la larga tela comenzó por sí misma a abandonar la presión, hasta que simple y llanamente se deshizo completamente y con el abandono de un fluido soltó amarras y comenzó a flotar por los cielos de Santo Domingo. En su vuelo dejó atrás a cuatro presidentes latinoamericanos enfrentados, fundidos en abrazos fraternos, compartiendo promesas de buena vencindad y haciendo votos por una América Latina unida. Fue un episodio tan maravilloso como ver a través de la cerradura a la inefable Piedad cubriendo su cabeza en paz. REGRESAR |
| Fecha publicada: 12/03/2008 Fuente: TalCual Tema: politica
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