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Ya felizmente superado el conflicto entre Colombia y Ecuador por la muerte del guerrillero Raúl Reyes, en cuyo escenario Venezuela tomó partido en un asunto que no le incumbía, es conveniente comentar el paroxismo massmediático del presidente Hugo Chávez con fines políticos. La “pólvora verbal” del mandatario por mediación de los medios ha caracterizado estos nueve años de su desgobierno.
La movilización militar de 10 batallones a la frontera, ordenada por el jefe del Estado, fue criticada como un “burdo show mediático” por el general ® Raúl Isaías Baduel. Lo reiteró Alberto Barrera Tyszka: “Decretó (Chávez) sin consulta una guerra por televisión, convirtió una tragedia en un show mediático.
Aún más, el ministro de la Defensa, general Gustavo Rangel, acusó de apátridas a los medios de comunicación por haber informado sobre el movimiento de tropas, ignorando ex profeso que la orden presidencial fue dada de manera pública, y, como tal, los medios la registraron. ¿Hay contradicción chavista cuando el otro Rangel, José Vicente, ex vicepresidente, aseguró que los medios no son traidores, pues tenían que noticiar la movilización pública de tropas? O es que si somos unos apátridas, como sostiene Barrera Tyszka, ya que no nos interesa para nada la patria del poder; no nos interesa la patria de los altos jerarcas del régimen. Su patria y la nuestra no son la misma. Chávez se comporta como si la patria fuera de él. Ahí no cabe nadie más. La patria guerrerista de Chávez en el conflicto andino fue rechazada, según la encuestadora Cedatos Gallup, por el 94% de los colombianos y el 51% de los ecuatorianos.
Tomando el símil de Alberto Barrera Tyszka, los medios y los periodistas democráticos sí somos apátridas. ¿Por qué? Porque la patria massmediática chavista del Estado soy yo, sustentada en el amedrentamiento, el enfrentamiento, la violencia, el odio, el veneno social, ha hecho que la información de la paz se transforme en manipulación y desinformación de la guerra mediática. Porque la patria massmediática y encadenada de la re(in)volución, con su dialéctica diabólica y dialéctica de sangre, monopoliza la palabra dejando al pueblo sin respuesta. En esa patria massmediática no hay diálogo sino monólogo. De este modo, la información y la opinión se han massmediatizado, es decir, se han masificado por mediación del medio al verse patológicamente sobrevalorizadas. De allí que la incomunicación patológica constituye una verdadera enfermedad social contraria a la salud colectiva de los venezolanos. Por eso, en esta hora crucial, la libertad bio-informativa debe dolorizar la “cultura del dolor” y no la bravura de la “cultura del odio” (incultura), que conduce al libertinaje y a la destrucción.
La violencia penetra, cada día, con más fuerza en el tejido social venezolano. El insulto, la ofensa, la beligerancia, el rechazo, la criminalización de la disidencia toman partido a través de un excesivo bombardeo massmediático, que “industrializa la conciencia”, donde el contendor trata de descalificar y de obtener la razón de la sinrazón. Así descrita la re(in)volución, cabe destacar que la libertad de expresión se ha convertido en un descaro libertinaje, en un descaro “libertario”, negador de la libertad, donde el “voltaje del lenguaje”, a través de una dialéctica diabólica, ha desembocado en una peligrosa y cercana dialéctica de sangre en vez de la dialéctica de pueblo. Por lo tanto, en la Venezuela de hoy, dividida por el odio, debe privar la reflexión, la concordia, lo racional (país real) y no lo emocional (país virtual). REGRESAR |
| Fecha publicada: 17/03/2008 Fuente: 2001 Tema: politica
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