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En marzo el precio del petróleo llegó al récord histórico de 111,80 dólares por barril. ¿Qué determina estos precios?
Una demanda sostenida, una producción bordeando sus límites, la ausencia de nuevas reservas y la capacidad de los países ricos de asimilar precios energéticos más altos, han definido una nueva era petrolera. Rex Tillerson, presidente de la poco popular ExxonMobil, señalaba: 'para 2030 la población mundial debe estar llegando a los 8 millardos de personas. En la misma medida en que la población crezca alrededor del mundo, también nuestras economías crecerán y ese crecimiento requiere de energía. Incluso con los desarrollos que se realicen en materia de eficiencia energética, la demanda mundial de energía deberá haber crecido en alrededor de un 40 por ciento para ese año' (Newsweek Special Edition, diciembre 2006-febrero 2007). Así las cosas, la oferta petrolera se encontrará en vilo constante por seguirle el paso a la demanda en medio de una brecha entre el aumento sostenido de esta última y la erosión creciente de reservas. Ello determina un piso estructural de precios altos. Sobre este piso operan, sin embargo, otros factores. El más evidente de ellos es el llamado 'premium' político. Es decir, el costo de las coyunturas de crisis en los países productores. Sin embargo, más allá de las coyunturas, nuevos factores estructurales parecieran estarse instalando sobre el piso estructural antes mencionado.
La década de los noventa se inició con un fuerte aumento de la liquidez monetaria internacional. Ello respondía, entre otras razones, al sobreprecio pagado por Helmut Kohl para financiar la unificación alemana y por el dinero lanzado a la calle por la Reserva Federal norteamericana, para salvaguardar a su sistema financiero de las grandes pérdidas incurridas por los bancos y las instituciones de ahorro y préstamo. Ese mar de liquidez se produjo en momentos en que los precios de las materias primas llevaban años cayendo en los mercados internacionales. La coincidencia entre el incremento de la liquidez monetaria y el declive de los bienes tangibles, brindó un potente estímulo al despegue exponencial de una economía mundial asentada en bienes intangibles. Es decir, una economía de papel conformada por instrumentos bursátiles de la más diversa naturaleza. Todo ello en medio de la proliferación de herramientas tecnológicas que permitían la creatividad y la movilización instantánea de gigantescas cantidades de dinero. Se entró así en la era dorada de las finanzas.
Hoy, sin embargo, pareciera venirse de regreso de esa era. El desencanto y la desconfianza causados por una década de grandes crisis financieras parecieran estar tocando techo con la última de ellas. Ello viene a coincidir con uno de los momentos estelares en los precios de las materias primas, sustentados básicamente en el crecimiento de las economías emergentes con particular referencia a China. Así las cosas, se estaría produciendo una vuelta hacia una economía de bienes tangibles. Las materias primas en general y el petróleo y el oro en particular, se estarían transformando en el puerto seguro de inversionistas agotados por todos los sobresaltos sufridos en la economía de bienes intangibles. REGRESAR |
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