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A la tercera va la vencida... Pero qué va, no aprenden. La pauta la da el golpe del furruco desde el Ministerio del PuPu (traducido del francés original) para la Cultura: deben escogerse diez obras 'artísticas', de igual número de autores. Los aspirantes al premio mayor -antes treinta millones, esta vez un viaje y una pasantía en París, en La Cité-, participan con lo que tengan a mano: un paisajito, una escena costumbrista, una instalación bien rara, con materiales extraños, una talla indigenista estilo Narváez años treinta, un cuadro informalista años sesenta, otra escultura en estilo bodrio tardío. Lo importante es participar y democratizar el arte. Además, esta vez será en el templo de consagración del arte venezolano: la Galería de Arte Nacional, todavía a la espera de la ansiada mudanza a su sede propia. Desalojados los Lovera, los Tovar, los Cabré, los Reverón, los Cruz Diez o Jacobo Borges, para dar paso al pueblo, tan desnutrido y con derecho.
Todos los géneros representados, todas las tendencias, todos los estados, todas las técnicas, desde lo más malo hasta lo regularmente pasable con visos de acercarse a lo que se entiende por arte hoy en día. En definitiva, una exposición populista, minimalista y postmoderna, vale decir, entren que caben cien, sólo se les pide que las obras sean realizadas según la mímica calidad, y en ese renglón todo vale. El kitsch campea con gusto lo mismo que el falso arte popular o remedo de Feliciano Carvallo y tantos otros meritorios. Entre aficionados, principiantes, piratas, oportunistas, pseudo artistas y pare Ud. de contar, aparece por ahí algún profesional como el fotógrafo documentalista Buitrago Segura, una rareza despistada.
Si uno recorre las salas en sentido inverso al reloj, desde la izquierda, se encuentra con las selecciones del Zulia, Mérida y Trujillo, de las que habría que sacar unas cuantas obras, empezando por esa instalación maracucha con pompones guajiros. Pero al pasar a la siguiente, ya el promedio de obras que no entrarían en ningún salón que se respete, es casi equivalente al total de lo exhibido. Uno sigue en el recorrido, y en las salas subsiguientes se siente caer en picada: es más de lo mismo cuando no peor, La última esperanza constituye la aproximación a la sala donde estarían los 'artistas' del Distrito Federal, y ahí ya llegamos al subsuelo de la mediocridad y la nadería. Toda la GAN para exhibir algo peor de lo que fue la Mega II, en la que ni siguiera se respetó la selección encomendada a los funcionarios de museos.
Hay que reconocer que a todos estos muchachos y muchachas hay que darles una oportunidad: que concursen para una beca está bien, pero no forzarlos a pasar la vergüenza de ser exhibidos en un recinto museístico como si ya fueran artistas. Mejor público tendrían en las salas desocupadas de varias estaciones del Metro. Al premiado le espera ahora que Fundarte ratifique la selección, y a su vez que La Cité esté conforme. Corre el riesgo de quedarse con las maletas hechas. Qué pena. REGRESAR |
| Fecha publicada: 01/04/2008 Fuente: TalCual Tema: cultura
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