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| En septiembre de 2007, el diario Miami Herald publicó en su suplemento dominical un interesante artículo titulado “25 consejos para viajar por poco dinero alrededor del mundo”. Una de esas sabias recomendaciones era no llevar una gran cantidad de dólares en efectivo para evitar un disgusto en caso de robo o pagar comisiones excesivas a la hora de ir a una casa de cambio. La mejor opción, decía la nota, era usar la tarjeta de débito para extraer moneda local y la de crédito para hacer compras. Eso, que para algunos hombres de negocios o avezados turistas puede parecer una obviedad, se aplica a la perfección para casi todos los países del mundo menos para Venezuela. Si tiene que viajar a ese país sudamericano, además de ponerse la vacuna contra la fiebre amarilla, desoiga el consejo del Miami Herald y haga exactamente lo contrario. 2.150 bolívares fuertes Venezuela no es un país como cualquier otro. Y como desde el año 2003 se estableció el control de cambio, las cosas son diferentes para los que llegan de afuera. El dólar tiene un valor fijo (2,150 bolívares fuertes) impuesto por el Estado y no se rige por la oferta y la demanda como en todas partes. Esta medida la tomó el presidente Hugo Chávez para evitar la fuga de capitales al exterior, lo cual ha provocado intensa actividad en el mercado paralelo, donde los venezolanos pagan hasta tres veces más por conseguir dólares. Los turistas que llegan a Venezuela tienen varias alternativas. Si traen divisas estadounidenses pueden cambiarlas en cualquier casa de cambio, pero al precio oficial, que es muy bajo. De hacerlo, todo les resultaría carísimo. Por ejemplo, por un combo de Big Mac pagarían casi 9 dólares, el equivalente a 19 bolívares. Lo mismo sería si lo hicieran con la tarjeta, ya que les tomarían el cambio oficial. Además, sacar bolívares de un cajero automático con una tarjeta chequera extranjera aparte de un mal negocio es una tarea casi imposible. Con dólares en la mano, todo es diferente. Si en el banco les daban 21,500 bolívares por un billete de 10 dólares, en la calle y hasta en algunos comercios, les ofrecerán el doble. Es decir, con lo mismo podría comprarse dos Big Mac y le sobraría dinero. Eso sí, se exponen al artículo 7 de la ley de control de cambios que dice que “toda persona que compra o venda divisas sin la intervención de la institución autorizada será sancionada con prisión de 10 a 14 años y multa de cinco a 10 veces el equivalente en bolívares del monto de la respectiva operación cambiaria”. En este país no se venden dólares ni ninguna divisa extranjera Otro consejo es no acumular demasiados bolívares, ya que estos no podrán volver a ser cambiados por dólares en el momento de volver a casa. “En este país no se venden dólares ni ninguna divisa extranjera”, dirá la empleada de la casa de cambios del aeropuerto. “Si le quedaron bolívares, no se preocupe, guárdelos para la próxima vez que venga a Venezuela”, agregará con una sonrisa. Curiosamente, las calles de Caracas y de las ciudades más importantes del país están empapeladas con la propaganda oficial en la que se pondera el bolívar fuerte (Bs.F), nueva denominación de la moneda venezolana desde que a comienzos de año decidieran quitarle tres ceros. Incluso hay un 0-800 que da información. La otra cara de la moneda Si la situación es desconcertante para los turistas, para los venezolanos que tienen que viajar al exterior puede ser desesperante. Toda persona y empresa que necesite dólares debe acudir a la Comisión de Administración de Divisas (CADIVI), hacer la solicitud y rezar para que sea aprobada. A veces pueden tardar hasta una semana, al punto de que muchas empresas han tenido que acudir al mercado negro para obtener dólares o euros. Si un venezolano quiere irse de viaje al exterior necesita además tener una tarjeta de crédito, ya que jamás podrá ver en efectivo más de 500 dólares anuales. Puede solicitar 3,000 dólares al año para compras por Internet y 5,000 dólares para compras en el exterior. “El usuario podrá disponer mensualmente de 500 dólares (…) para adelantos de efectivo en moneda extranjera, los cuales sólo podrá obtener a través de los cajeros automáticos ubicados en el exterior”, explica Manuel Barroso, presidente de CADIVI. Los chavistas Como ocurre con todo, cada acción tiene dos lecturas. Para los chavistas, se trata del método ideal para frenar la fuga de capitales al exterior y obligar a que inviertan en su mismo país. En ese sentido, el boom en la industria de la construcción explica el éxito del modelo. Para los opositores al régimen, esa restricción no hizo otra cosa que avivar el mercado paralelo. Hay quienes venden su cupo al mejor postor bajo una táctica hasta hace poco infalible que desenmascaró el diario Panorama. El modus operandi más usado es ofrecerle a la persona un combo que incluye bolívares en efectivo con el respectivo pasaje ida y vuelta a algún sitio turístico cercano al país, “para que el costo no sea mucho”. Ese sujeto saca 500 dólares el 30, retira 500 más el primero del siguiente mes y regresa en la tarde a Venezuela con 1,000 dólares. Por esa misma razón, aquellos que viajen a Panamá, Curazao o Aruba -los destinos más accesibles para hacer el fraude- ahora tienen que demostrar que lo hacen por 7 días o más para que se les otorgue el respectivo cupo. CADIVI tiene más de 60,000 casos de viajeros sospechosos, a los que ha citado a declarar. Control y descontrol La ironía no está ausente en Venezuela. Si bien es cierto que un galón de gasolina es más barato que uno de agua, de poco sirve si uno no tiene un carro. Y conseguir carros, sobre todo nuevos, se ha vuelto una odisea en el país. El gobierno de Chávez lanzó un plan llamado Venezuela Móvil para controlar los precios de vehículos con el objeto de ayudar a la población a adquirir el auto deseado. Una buena idea que choca con la poca capacidad de producción que tienen las automotrices locales. Para comprar carros como Corsa, Aveo o Spark de Chevrolet hay que anotarse en una lista de espera que en muchos casos supera el año. Lo mismo ocurre con los más solicitados de Ford: Ka y Fiesta y con el modelo Terios de Toyota. De eso se queja Salvador Rauda Paredes, un salvadoreño que lleva más de 20 años en Venezuela. “Llevo meses y meses esperando para comprar un carro. Me anoté pero no pasa nada. Si quieres conseguirlo, tienes que pagar un sobreprecio de un 20 % o más”, dice. Es ahí donde nuevamente aparece el mercado negro como alternativa. Hay concesionarios de segunda mano que venden esos vehículos cero kilómetros por encima del precio fijado. El negocio es sencillo: debido a sus influencias consiguen los carros a precio de Venezuela Móvil y los revenden a los desesperados que tienen el dinero para comprarlo y que no quieren esperar un año. La valla publicitaria en una calle de Caracas promueve el bolívar fuerte, la nueva denominación que tiene la moneda desde el 1 de enero de 2008. Incluso hay un número 0-800. REGRESAR |
| Fecha publicada: 31/03/2008 Fuente: Reporte Tema: economia
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