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En días pasados el semanario Quinto Día publicaba en una sección de informaciones filtradas, palabras más palabras menos, que el Presidente de la República, en nueve años de gobierno, se había reunido con su gabinete a razón de una vez por año. Las reuniones del tren de gobierno, por excepcionales, serían transmitidas por Venezolana de Televisión como un espectáculo digno de ser visto por el 'soberano'.
Si este tipo de columnas basadas en informaciones sin fuente identificada invitan a corroborar por otros medios lo que publican, baste reparar entonces en el tiempo que Hugo Chávez va de viaje cuando no se dedica una interminable prédica mediática, ya sea en cadena o no. ¿En qué momento va a verles las caras a los ministros un gobernante que puede pasar hasta 20 días consecutivos fuera del país que en teoría gobierna, del que despega raudo cada vez que se le antoja y lo asalta un guayabo fidelista? En alguno de sus oficios dominicales televisados pondría en evidencia que no sabía el nombre de un viceministro; de entre esa feligresía irredenta, no distinguía de tantas camisas rojas, cuál era la del alto funcionario que habría de ser interpelado por su superior. ¿Pasará lo mismo con los titulares del gabinete? Precisamente, esos programas maratónicos de los domingos parecieran sucedáneos improvisados de las reuniones ministeriales.
En esa circunstancia, el Presidente inspiradísimo, construye castillos en el aire y así, sin más, encarga a un ministro un imposible ante las cámaras, lo que en este mundo equivale a decir 'ante el país'. ¿Será así que logra Chávez el prodigio de delegar en los subalternos toda responsabilidad de tan magra gestión, presentándolos en público como pupilos desprolijos que no cumplen con las tareas que se le imponen solemnemente en presencia del 'pueblo' y su aquiescencia? Ahora, tras nueve años de prestidigitación continua, la magia se va deshilachando mientras deja al descubierto el mecanismo ruin del truco.
No obstante, como no ha hecho otra cosa el Presidente en sus nueve años que 'gobernar' en directo y prime time, da la impresión de que otra cosa no sabe hacer y para resarcir la popularidad descendente, echa mano de las tácticas ya probadas, pero con abuso y sin miramientos. Son más entonces las horas de televisión, más los actos públicos, el anuncio de nuevos planes evanescentes, más frecuentes las cadenas con la excusa más intrascendente en un esfuerzo engañoso de mostrar que se 'gobierna' y mucho.
Son más los discursos trasmitidos en vivo para descalificar toda información que publiquen los medios independientes y le resulte irritante. Se machaca cada vez más la paradoja de que todas las infelicidades del venezolano son obra de los servicios de inteligencia imperiales que, según es conseja oficial, podrían colarse hasta las incubadoras de las maternidades públicas. Todo fracaso es maquinación de ese Imperio que, no obstante, mantiene a Venezuela sin haberle cambiado en los hechos su estatuto de bien provista gasolinería del Sur.
Reporteros Sin Fronteras, entre otras organizaciones de parecida naturaleza, coinciden en calificar de guerra mediática la intemperancia que muestra Venezuela desde hace casi una década. Ahora bien, si cabe aplicar el símil bélico en serio, son verdaderos bombardeos lo que el telespectador recibe de las pantallas gubernamentales; descuéntense las vallas y avisos sembrados como minas anti personales alrededor de todo el país.
Hasta estos días, un poco por fortuna, lo más lejos que se ha llegado en los hechos cuenta tantos kilómetros como los recorridos por las tanquetas del ejército venezolano hasta la frontera con Colombia, para a las pocas horas regresar sin novedad en el frente. REGRESAR |
| Fecha publicada: 02/04/2008 Fuente: TalCual Tema: gobierno
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