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Entre las cosas más raras de este socialismo endógeno, patriotero y milico, está la comercialización de los espacios públicos, como nunca se vio en el despreciable capitalismo de nuestra prehistórica cuarta república. No más vea usted la cantidad de vallas que exhibe la cuna del Libertador, más de una apelando a nuestros más carnales instintos. O las gigantografías y otros gigantes que llegan a tapar edificios enteros, en detrimento de la buena o mala arquitectura que esconden. Y hasta los vagones del metro están integralmente envueltos en espantosas promociones de jugos y pastas de dientes, incluso las estaciones mismas son invadidas crecientemente por ese afán de vender tan apostrofado por el gran jefe que más de una vez ha amenazado con sacar los mercaderes del templo. Y mire usted los autobuses convertidos en instrumentos de mercadeo cuando una vez fueron soporte para experimentos pictóricos, de Cruz Diez y Manaure que recuerde.
Un amigo mío, jubilado y maniático, se puso a contar las tiendas de el centro comercial Tolón y se encontró que más del setenta por ciento de éstas tienen nombres en idiomas extranjeros, sobre todo imperiales. Lo cual indica mucho sobre el gusto del público, que no podría soportar una tienda llamada Confecciones María e hijos, como era verosímil en épocas remotas. Sólo lo extranjero tiene lustre.Y me temo que en especial para la nueva clase ascendente, bautizada malignamente como boliburguesía, en otros términos la vanguardia revolucionaria.
Si a esto se le suma los ciento cincuenta mil automóviles que entran a la calle todos los años, los gastos del presidente nunca igualados, los restoranes que se multiplican sin cese y los vuelos abarrotados para consumir el dólar barato, le dará una idea clara de un gobierno que venera a Ernesto Guevara y al Jesús comunista. Porque este inmenso mercado en que se ha convertido la ciudad no es para todos y los pobres de siempre siguen esperando un techo, el agua, que no le maten al marido o al hijo, poder llegar a los tres golpes diarios o tener algunas frías para el dominó sabatino. Por fortuna la sabiduría presidencial les ha dado consuelo: ser rico es malo. Bienaventurados, pues.
DE PERINOLA. Este gobierno puede divertir mucho si uno logra superar la neurosis a que induce que en jerga chavista podríamos llamar dolor de patria. El currículo educativo, derogado de hecho por el Presidente, es una pieza realmente notable que parece salida del humor sabio de Laureano Márquez. Los muchachos hablando guarao con padres estupefactos que no tuvimos la oportunidad de una educación bilingüe, de formarnos en la quinta república, puede dar lugar a escenas memorables. Además de la enorme utilidad de manejar otro idioma en el mundo globalizado. Peligroso me parece la construcción de cerbatanas porque pueden dar lugar en la artera guerra mediata, el 'golpe permanente' como lo llamó el ministro del área en una muy curiosa expresión, a grandes titulares de El Nacional, 'Otro niño perdió el ojo con un disparo de cerbatana'. Más vale que quiten eso.Y lo del canotaje de verdad que no lo veo viable, o mejor navegable, salvo para los ricos que tienen piscina en casa y, por supuesto, no es el objetivo. Y no le digo del uso continuo de perinolas, metras y carreras de saco. Sobre todo las metras, porque ahora y que no se puede ruchar, vaya pendejera. ¿Y como se aplica el principio de la igualdad, made in Sabaneta, en las carreras de saco, una paradoja tan brava como aquella de Aquiles y la tortuga? Y la perinola es una vaina más bien alienante (ver los Manuscritos del 44 de Carlos Marx) de puro repetitiva y mecánica sobre todos para chamos que se han alienado de otra manera, al menos más compleja, con los fascinantes juegos computarizados. Dejen a la ciudadanos tranquilos que esto no es un cuartel. No hagan más chistes con la vida de la gente, no le den más material prehecho a Laureano, a Weil y a Zapata, que se esfuercen. REGRESAR |
| Fecha publicada: 07/04/2008 Fuente: TalCual Tema: gobierno
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