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'Mis esperanzas son siempre lánguidas, pues ya no veo ni aun entreveo que haya en nuestro país sistema y orden'. Francisco de Miranda
El reciente informe del Banco Mundial llama la atención por la escalada de los precios de los alimentos agrícolas, a la vez que se registran focos de escasez en algunas áreas de la América Latina.
De acuerdo con el BM, treinta y tres países están amenazados de desestabilización como causa de esa situación, a lo que se suma el alto costo de la energía. De acuerdo con la institución transnacional, el peor afectado, en Latinoamérica, es Panamá, pero también hace observaciones sobre la situación en Venezuela y Argentina.
En el caso venezolano, bien sea obedeciendo a la situación internacional o no, el hecho es que el país está sufriendo la escasez de algunos rubros alimentarios y el consumidor tiene que hacer largos y tediosos recorridos para poder completar el mercado familiar semana a semana.
Parece un asunto del ayer el que los venezolanos podíamos abastecernos sin agobios, y en la actualidad hay que visitar dos o más automercados o mercados libres para poder completar el mercado semanal.
Un día no hay leche, en otro arroz, o azúcar, o harina, y hay que 'estar zanqueando' como se dice en criollo, de establecimiento en establecimiento, para poder hacerse del mercado hogareño.
No pensamos que el caso venezolano sea consecuencia de la escasez y carestía de los alimentos a nivel mundial, pensamos sí, que innumerables errores en la política agrícola han conducido a estas carencias que sufrimos. No puede ignorarse las consecuencias que han tenido las invasiones y tomas de fincas que hasta hace poco producían parte del abastecimiento nacional, respaldado al mismo tiempo por las importaciones de productos agrícolas procedentes de nuestra vecina Colombia.
Es cierto que en el escenario mundial, la oferta de alimentos se ha visto sometida a presiones debido a la expansión de la demanda de alimentos, forrajes y biocombustibles. También cuenta el incremento de los precios de la energía, la creciente escasez de tierra y agua, y los efectos del cambio climático.
Ante ese escenario, crece la incertidumbre y el temor por el precio de los alimentos en el futuro inmediato.
El problema particular de Venezuela, sin embargo, es consecuencia del errático rumbo que el Gobierno ha impuesto a la actividad agropecuaria del país y a la vista está la desolación en que han quedado tierras fértiles y fincas ganaderas hoy ociosas y diezmadas. Es lamentable. REGRESAR |
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