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El año 2008 lo iniciamos con profusión de fanfarria, un nuevo signo monetario, el bolívar fuerte, pero éste, en el corto tiempo de existencia, ha mostrado y demostrado que de fuerte tiene sólo el nombre.
La inflación sigue galopante en su marcha ascendente, los consumos aumentan de precio día a día, hoy se gasta más y se consume menos, y en medio de la angustiosa situación se teje una variedad de conjeturas, todas negadas por el Gobierno, como la activación de un sistema de cambio dual que de hecho implicaría una devaluación.
El país urge una sinceración del precio de nuestra divisa ante el escenario de alta inflación que nos acosa, y mientras las autoridades así no procedan el aparato productivo interno se verá constreñido y resta confianza en el país, según han expresado sectores empresariales.
Lo peor en situaciones como la que nos ocupa, es la falta de claridad y diafanidad, pues por una parte, el Ejecutivo niega la reconfiguración de la tasa de cambio, crece el rumor de que el Gobierno prepara encarecer la divisa en la mayoría de los rubros, pero manteniendo el cambio de 2,15 bolívares por dolar para importación de alimentos, medicinas y bienes básicos.
En cuanto a la gente de a pie, el pueblo, la percepción es que el bolívar fuerte ha encarecido el costo de la vida y cada día que pasa se obtiene menos por el valor del bolívar, llámese fuerte o como fuere.
Se ha establecido un bolívar fuerte aparentemente más con intenciones propagandísticas, porque el mal proviene de vieja data, cuando en el año 2003 se implantó el control de cambio -el más prolongado en nuestra historia-, y las consecuencias han sido catastróficas, particularmente en cuanto al aparato productivo interno.
El sector empresarial teme que esta situación genere en una espiral de escasez y desabastecimiento, porque se estará asfixiando el aparato productivo interno y entonces habrá que recurrir a un incremento más de las importaciones, lo que se traduce, entre otros males, a mayores costos.
En verdad, opinan los entendidos, una devaluación de la divisa impactaría los precios, pero como contraparte reactivaría el castigado sector productivo interno, generando mayor empleo y más ofertas de bienes y servicios.
La respuesta del Ejecutivo ha sido de cero devaluación, cero mercado dual para el dólar y nada de desmontaje del control de divisas. Entretanto, el tal bolívar, de fuerte, es sólo un nombre. REGRESAR |
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