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| El país se encuentra muy cerca de la anarquía. Los últimos acontecimientos dan muestras claras de una peligrosa y creciente ingobernabilidad. Para muestra un botón: el paro armado realizado por los grupos paramilitares del 23 de Enero, nacidos y amamantados por los jerarcas del régimen. Podríamos decir, sin lugar a dudas, y en atención a las resbaladizas palabras del Presidente, que la revolución ha creado sus propios Frankenstein, o sea, sus propios monstruos. Estos movimientos adquieren vida autónoma (al igual que en la película) y, por consiguiente, son muy difíciles de controlar o neutralizar. De otra parte, las manifestaciones y protestas sociales se esparcen por toda nuestra geografía. La gente ya está cansada de las largas e incontinentes peroratas del caudillo de Sabaneta: son sólo palabras huecas, cantaletas sin contenido para distraer la atención sobre los verdaderos problemas no resueltos. Pretender cubrir con un manto retórico la ineficiente y corrupta gestión de gobierno es una misión imposible. Chávez empieza a comprender lo expresado por la colectividad en el referéndum del 2-D sobre la reforma constitucional. Desde que llegó al poder (en 1998) ha tratado de someter a sus designios a la sociedad venezolana. Sin embargo, a pesar de todos sus esfuerzos no ha logrado su cometido. Lo ha ensayado todo: amenazas, halagos, compra de conciencias, el empleo de la violencia, etc. El acendrado espíritu libertario y democrático de los venezolanos se ha convertido en un impenetrable muro de bronce. No se da cuenta de que el tiempo de las revoluciones ya pasó. El mundo, cada vez más globalizado, hace espinosas nuevas intentonas de carácter despótico. Las existentes, nacieron y se consolidaron (algunas de ellas) en el siglo pasado. En suma, Chávez llegó tarde para imponer contra viento y marea su propuesta comunista, disfrazada de socialismo del siglo XXI. En el ambiente anida la percepción del debilitamiento sostenido de la fuerte influencia del teniente coronel sobre 'el soberano' (ya no usa más ese término para referirse al pueblo). Sus palabras destilaban flechazos de odio, de rencor, que hacían diana en el alma de los sectores de menores recursos. Esos tiempos ya pasaron. Ahora pretende justificar su permanencia en el poder con una lucha sin destino, contra el imperialismo y la oligarquía, causantes, por supuesto, de todos los males. Pero las excusas se le acaban y el tiempo también... La mamarrachada revolucionaria entró en conteo regresivo. El proyecto autocrático doméstico y su expansión continental pierden energía. Los presidentes 'amigos' le sacan el cuerpo. Lo aplauden, solamente, cuando de repartir dinero se trata. Su figura se desvanece, se gasifica y, por lo tanto, se evapora. Ha perdido encanto ante la comunidad internacional. Luce demasiado extravagante. La personalidad conflictiva de Chávez le ha hecho abrir, tanto en el plano interno como en el exterior, demasiados frentes a la vez. Se ha peleado con tirios y troyanos. La revolución parece más un pandemónium que un movimiento político para la 'reivindicación' de los desposeídos. La pulsión catastrófica y mesiánica del 'líder' bolivariano lo conduce por cenagosos, peligrosos e impredecibles caminos. Quizás por eso, desde hace algún tiempo, resulta una conducta frecuente verlo recular cuando las cosas se le ponen duras. El poder se le escurre entre los dedos. Sus desatinos lo están convirtiendo en un tigre de papel, todavía poderoso, no obstante cada vez menos temible... REGRESAR |
| Fecha publicada: 11/04/2008 Fuente: El Nacional Tema: gobierno
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