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En nueve años que van de este Gobierno, no se ha visto que atienda una sola obra de la vialidad urbana, cada vez más congestionada y deteriorada ante el creciente número de vehículos automotrices, un parque automotor terriblemente dañado, una clase anarquizada de motorizados. Las mismas autoridades del Tránsito han dado cuenta de cómo se han incrementado las muertes en calles, carreteras y autopistas, por el mal estado de las vías y la incuria de las autoridades en poner orden entre los abusadores y los que desprecian el cumplimiento de la ley.
Por otro lado, el ministro de Infraestructura de entonces, Diosdado Cabello, ordenó abrir las veinticuatro horas el tráfico de vehículos de carga, hecho tal vez único o muy raro en el mundo, situación que vino a agravar aún más el problema.
En la Gran Caracas, no se ha construido una sola obra vial, ni siquiera han proyectado el anexo de elevados o de ampliaciones donde pudiesen ser posibles. Tampoco se da mantenimiento y conservación a la vialidad nacional y regional.
Ahí están calles, avenidas, vías intercomunales, que tampoco tienen la atención requerida por parte de autoridades estadales y municipales, pero la responsabilidad mayor sigue siendo del organismo correspondiente: el Ministerio de Infraestructura.
LA LEY ENTRA POR CASA
También es común escuchar que en Venezuela no hay leyes, pero sí las hay y muchas, el problema es que no se cumplen y en la inmensa mayoría de los casos quienes tienen que hacerlas cumplir se desentienden.
Por otro lado, la anarquía de los conductores -automovilistas, motociclistas, taxistas, buseteros, camioneros- con la anuencia de las autoridades que debieran poner orden y hacer cumplir las normas previstas en la Ley de Tránsito Terrestre, es cosa común, y qué decir cuando el involucrado, el que comete la infracción, es algún funcionario público, del rango que sea, o cualquier uniformado desde militar hasta policía.
El vigilante de tránsito o el agente del Vivex no se da por inmutado o da la espalda cuando se comete la falta. Es notoria la ausencia de profesionalismo en la conducción del tránsito que permita mejorar los resultados.
En todo el mundo hay las llamadas horas pico, en las cuales al haber mayor afluencia de vehículos se congestiona el libre tránsito, pero en Venezuela, y muy especialmente en la Gran Caracas, ese congestionamiento comienza desde que despunta el sol hasta bien avanzada la noche.
Por una parte los vigilantes de tránsito, al igual que los policías, parecieran trabajar horario de oficinistas, ya que después de las seis o las siete de la tarde no se observa la presencia policial ni la vigilancia de tránsito. El patrullaje vehicular es algo esporádico y parece ser tarea exclusiva de las policías municipales, igualmente en un horario limitado.
La situación en este asunto es muy complejo y tampoco deja de ser grave, pues además de las deficiencias anotadas, la red vial no es de las mejores, sin señalizaciones y en la mayoría de los casos hay que sortear la variedad y profusión de huecos en la vía, de alcantarillado roto y hay sectores donde el alumbrado está ausente; tampoco hay señalamientos que guíen a los conductores, contrario a lo que es común en los países modernos y organizados.
CIERRAN VÍAS SIN RAZON
En nuestra Venezuela actual, y citamos un caso concreto en Caracas, los funcionarios encargados de canalizar y dirigir el tránsito en el ramal conocido como la autopista de Prados del Este, lo interrumpen, sin saber ni conocer los usuarios las razones.
Tal vez la acción obedece porque desde algún distribuidor vial se desplaza un alto funcionario del Gobierno nacional o municipal, o algún militar de alta jerarquía ante la presunción de que su seguridad correría peligro si la caravana enfrenta algún congestionamiento vehicular.
Esto no sucede sino en nuestra Venezuela, porque las únicas veces que en un país civilizado se ha cerrado o limitado el tránsito en una autopista es porque ha ocurrido algún hecho grave como esos choques múltiples en cadena.
Y sucede porque no hay una autoridad que ponga orden en el tránsito como ocurre en cualquier país del orbe medianamente civilizado. El Gobierno actual, como los del futuro, deben reflexionar seriamente sobre el problema del tránsito que cada vez se agrava más y cada vez es mayor el parque automotor en un sistema vial al que en los últimos nueve años no se le ha hecho siquiera una trocha. REGRESAR |
| Fecha publicada: 12/04/2008 Fuente: 2001 Tema: transporte
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