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Las inconsistencias y contrariedades del régimen bolivariano producen una enorme incertidumbre y desconfianza, seguidas de un marcado desprecio, tanto en el país como en el exterior. Adentro, los venezolanos tenemos una profunda desconfianza en el régimen, caracterizado por su ineficiencia, sus prácticas corruptas. Un claro rechazo popular confirmado el pasado 2-D, al que los revolucionarios hacen caso omiso, por ahora.
En el exterior, la percepción es la misma, aunque todavía algunos beneficiarios irracionales o Insulzas de oficio apoyen el destructivo disparate chavista. Una desconfianza generalizada que se justifica. La posición en relación con las FARC y el terrorismo, la política arbitraria de expropiaciones, la ineficiencia de la justicia y el deplorable papel del Poder Moral, la creación de una reserva nacional paralela o quizás sustitutiva de la FAN, al servicio exclusivo de Hugo Chávez, reflejan estas debilidades y contradicciones. Las declaraciones del Presidente y de sus ministros, hacia adelante y hacia atrás, diciendo y desdiciendo, afirmando y negando, sólo reflejan inconsistencia y generan incertidumbre y desconfianza, dentro de una peligrosa ingobernabilidad creciente.
Las lamentables declaraciones del ministro de Energía y presidente de la gran industria alimentaria Pdvsa, cuando anunció la denuncia del tratado bilateral de inversiones suscrito con los Países Bajos, ilustran la pobreza intelectual, al mismo tiempo que la incapacidad de este grupo de aventureros que desadministran el país. El multifacético ministro petroalimentario debería informarse antes de hacer un anuncio de esta naturaleza. Políticamente, es un disparate mayúsculo que fortalece su descrédito y les aleja aún más de los inversionistas.
Jurídicamente, es una declaración que confirma la mayor ignorancia y arrogancia de la dirigencia bolivariana. Las reglas deben respetarse. El derecho internacional existe, aunque los osados revolucionarios lo ignoren. La denuncia de un tratado solamente se puede formular en determinadas condiciones, como también las expropiaciones y nacionalizaciones. No pueden ser actos caprichosos y arbitrarios. La responsabilidad internacional del Estado está en juego, lo que nunca le ha importado a los autoproclamados revolucionarios, hasta ahora.
La desconfianza y el rechazo al proyecto chavista aumentan por las desmedidas impertinencias de los jerarcas bolivarianos, tales como las formuladas por el ex fiscal general, quien insinúa que 'nunca se va a conseguir un testigo que diga toda la verdad' y que las declaraciones de Vásquez 'obedecen a inestabilidad mental', todo lo contrario de lo que dijera una vez acerca de la 'estrella' del caso Anderson.
El régimen bolivariano cava su destino entre mentiras y contradicciones, celebrando todavía el 13 de abril de 2002, el día del 'regreso' del renunciante presidente; atacando al 'malvado imperio'; enardeciendo a una minoría irracional; encadenando al país para someterlo a discursos históricamente superados; desconociendo la voluntad popular que le rechaza. Se dicen demócratas y socialistas los revolucionarios convertidos en empresarios y terratenientes, pero actúan totalitariamente, dentro del capitalismo más salvaje. En Venezuela hay 'plena libertad de expresión', gritan los voceros del régimen mientras cierran canales, abren sus propios medios de información, ejerciendo una discriminación absolutamente condenable para tergiversar la realidad; también declaran la libertad de pensamiento, mientras se persigue y se detiene arbitrariamente a disidentes inocentes que se mueren física y moralmente en las cárceles políticas, los presos del 11 de abril, entre otros, ante el triste silencio de todos y la complicidad de algunos. REGRESAR |
| Fecha publicada: 15/04/2008 Fuente: El Nacional Tema: politica
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