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A los realazos prosigue el empeño de la 'revolución bolivarista' de adueñarse del país. No sólo de comandarlo con ánimo cuartelero sino de controlarlo con poder de propietario.
Para ello es que sirve la botija petrolera. Una especie de fondo patrimonial que dispone el señor Chávez para reforzar su dominio sobre el Estado, la economía real y la base política del modelo 'revolucionario'.
Lo que se pueda ocupar, se ocupa, y lo que se tenga que comprar, se compra. Instituciones, empresas, grupos, personas, lo que sea menester. Con el barril por encima de los 100 dólares hay dinero para acelerar el proceso.
Ya el Estado 'bolivariano', con sus casi 30 ministerios, más de 100 viceministerios y su multiplicado número de organismos públicos, ha batido récords de gigantismo estatal y de intromisión cada vez más dominante en cualquier esfera política, económica, social y mediática de la vida cotidiana del conjunto de los venezolanos.
¿Y qué decir de las 'nacionalizaciones? Que ni siquiera son 'estatizaciones', porque ni la nación ni el Estado nacional o representativo tienen nada que ver con el destino de lo 'nacionalizado'. Son auténticas apropiaciones con recursos públicos para acrecentar el poder personal de una jefatura y de una camarilla, incluso de composición familiar.
Y en una sociedad de raigambre populista como la nuestra, donde se espera que el 'gobierno venga y solucione', desde los que figuran en la lista millardaria de Forbes hasta los ciudadanos más humildes, lo que termina ocurriendo es que se refuerza la dependencia social hacia el Estado, ahora, además, secuestrado por un parcialidad política de aspiraciones perpetuas.
En su ortodoxia comunista, el viejo Domingo Alberto Rangel ha argumentado con impecable tino cómo opera la pretensión de compra-venta política y clientelar a través de las ejecutorias de la revolución bolivarista, y cuáles son sus principales efectos en términos de desvalorización del trabajo y el sentido de superación personal.
'Un país de esclavos', ha escrito DRA, es lo que se busca y para conseguirlo no se escatima esfuerzo alguno. Curioso que el estribillo 'Uh, ah, Chávez no se va', ya no se oiga como manifestación de solidaridad política, sino como respuesta al aumento de bonos, becas, estipendios y comisiones monetarias.
La compra-venta de Venezuela por parte de Chávez y su entorno, con recursos de todos los venezolanos y con el objetivo de ampliar el aparataje de dominación, no se ha detenido sino que se está apurando en el 2008. REGRESAR |
| Fecha publicada: 17/04/2008 Fuente: TalCual Tema: politica
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