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Desde hace ya bastantes años, la tarjeta de crédito dejó de ser un sustituto del dinero para convertirse en un complemento del salario. Gracias a este mecanismo financiero, el ciudadano común puede asumir gastos tan cotidianos como el mercado, la cuenta telefónica, la luz eléctrica, la educación y el entretenimiento, sin tener que acudir al efectivo de la quincena, el cual es bien sabido que se agota mucho antes de que llegue el próximo pago de quince y último. El uso del dinero plástico se ha extendido de tal manera que ya es normal que en los presupuestos personales aparezca todos los meses un renglón dedicado a la tarjeta, el cual, por lo general, cubre una porción menor a 10% del saldo deudor total –el famoso pago mínimo–, que da al tarjetahabiente cierta holgura en el manejo de sus cuentas.
El boom del consumo que se produjo en Venezuela durante los últimos años generó una expansión en el uso de la tarjeta, que llevó a los bancos a una fuerte competencia en el reparto de esta torta, con estrategias como la transferencia de saldos de una institución a otra, mayores límites de crédito y más flexibilidad en el otorgamiento. Así vemos como en la actualidad no es necesario ser muy acaudalado para tener en la cartera dos o tres tarjetas de crédito con las cuales poder afrontar los gastos del día a día, y hasta financiarse algunos gustos especiales.
Pero esta historia feliz está en su final, pues llegó la hora de pagar, y con creces, los saldos acumulados, como consecuencia de la decisión tomada por el Banco Central de Venezuela, a finales de febrero, de aumentar la tasa aplicable al dinero plástico. El BCV subió el techo de interés hasta 32%, por lo que la tendencia esperable para los próximos meses es que la tasa se 'estire' para alcanzar este nivel, con las consecuencias indeseables que ello acarrea para los tarjetahabientes.
Sacar las cuentas. La principal recomendación de los expertos es proceder con cautela en el manejo de la tarjeta de crédito. Eso de 'pelar' por la tarjeta con sonrisa de satisfacción cada vez que nos presentan la cuenta en el restaurante o en la caja registradora es cosa del pasado. Ese pequeño pedazo de plástico de forma rectangular que atesoramos en la billetera o el monedero tendrá que reposar por más tiempo, si hacemos caso a lo que dicen los que más saben de este asunto.
'Lo primero que tiene que hacer cada quien es examinar su situación personal.
Por ejemplo, alguien que tenga pendiente un crédito de vehículo, cuya tasa de interés también subió, se verá obligado a reestructurar su flujo de caja y sacrificar algunos gastos no imprescindibles, si sus ingresos no aumentan en forma proporcional', dice César Aristimuño, economista de la firma Aristimuño Herrera & Asociados.
–¿Es recomendable 'quemar' los ahorros para abonar el saldo total de la tarjeta?
–Así es, si el balance lo justifica. Si la persona tiene una cuenta de ahorro que le rinde 14% y una tarjeta a la que le cargan 32%, lo ideal es quitarse esa carga, pues los rendimientos de los ahorros no cubren los intereses de la tarjeta.
–¿Además de sacar los ahorros, debemos guardar la tarjeta para evitar nuevos endeudamientos?
–En general, hay que tener cuidado con los gastos,
pues persiste la presión para que las tasas sigan subiendo. Todo indica que este año va a haber menor actividad económica, y toda desaceleración trae contracción, menor flujo de dinero y más inflación. La gente va a tener relativamente menos ingresos, por lo que es recomendable la prudencia.
Sube la morosidad. Para el economista Leonardo Buniak, con la decisión de subir la tasa aplicable a las tarjetas de crédito, el Banco Central pretende darle oxígeno a la banca, que debe afrontar la disminución de los intereses que cobra a sus clientes por los prestamos. Según sus cálculos, la diferencia actual entre la tasa activa y la pasiva (spread) –que es la base del negocio bancario– atenta contra la viabilidad de las instituciones hasta el punto de que las utilidades pudieran verse mermadas en 35%. Buniak prevé que los bancos se verán obligados a encarecer los préstamos no regulados, como los comerciales, hipotecarios no relacionados con política habitacional y de vehículos, lo que trae consigo el riesgo de aumento de la morosidad, es decir, de los créditos vencidos o en litigio.
–¿Qué recomendarías a los tarjetahabientes en la coyuntura actual?
–Para aquellos que estén en capacidad, sugeriría el pago anticipado del saldo deudor, aunque se tenga que acudir a los ahorros. Además deben suprimirse los gastos superfluos. Es cierto que muchos venezolanos usan la tarjeta para compras prioritarias, pero hay que tomar conciencia de que la situación ha cambiado y que debe imponerse la prudencia a la hora de acudir al dinero plástico. Es previsible que para algunas personas no sea posible ni el pago anticipado ni la disminución de los gastos, pues se trata de presupuestos muy ajustados, en ese caso algunos optarán por no pagar, lo que no es nada recomendable pues afectaría el índice de morosidad del sistema financiero, que de hecho ha subido significativamente en los primeros meses de 2008. Por los momentos, la banca está bien aprovisionada para esta contingencia, pero la situación podría agravarse.
Precaución al consumir
· · ·Manuel Cedeño es abogado, trabaja para una institución pública y ha estado muy pendiente de las noticias sobre las tasas de interés para tarjetas de crédito. 'Desde hace mes y medio no he sacado la tarjeta para nada. Las tengo congeladas, pues me preocupa el aumento de las tasas. Hasta no hace mucho las usaba muy libremente para compras diversas, pero desde que vi la información sobre el aumento decidí que sólo las usaría para gastos imprescindibles. Quizás eso pueda afectar mi calidad de vida, pero prefiero evitar que se me descompense el presupuesto'. Por su parte, Elena Rosales, analista de sistemas, tenía a finales de febrero un saldo en sus 2 tarjetas de crédito de 2.500 bolívares fuertes. Una vez que supo de la medida del Banco Central de Venezuela decidió pagar el monto total, y para ello acudió a sus ahorros. 'Puse en cero las dos cuentas para no tener que pagar de más. De ahora en adelante estaré más pendiente de mantenerme al día, ya que tengo varios servicios domiciliados en la tarjeta'. Elena es una veterana tarjetahabiente, tiene más de 20 años con el plástico que le otorgó el desaparecido Banco Unión, y considera muy difícil cubrir el presupuesto familiar sin acudir a este tipo de financiamiento.
Pensarlo dos veces
· · ·César Aristimuño, en la página web www.bancaynegocios.com, hace varias recomendaciones muy pertinentes al ciudadano común, referidas al uso eficiente del crédito personal. En primer lugar hay que tener en cuenta que el crédito utilizado en forma adecuada puede mejorar la calidad de vida, pero en el caso contrario puede conducirnos a la bancarrota. Por eso la palabra prudencia debe estar en la mente de todo solicitante de crédito, que debe sopesar si el monto está al alcance de sus posibilidades y si realmente satisface alguna necesidad. Hay varias preguntas que hacerse frente a la posibilidad de adquirir este compromiso: ¿En vez de endeudarse, puede hacer la compra con el efectivo disponible? ¿Desea usar sus ahorros para realizar esta transacción?
¿La adquisición se ajusta a su presupuesto? ¿Puede usar el crédito que necesita de mejor manera? ¿Cuál es el costo de oportunidad de posponer la compra? ¿Cuál es el costo monetario y el costo psicológico de usar el crédito (intereses, cargos financieros, responsabilidad por estar endeudado, etc.)? Una receta sencilla es tener en cuenta que sea cual sea el nivel de deuda es imprescindible ahorrar permanentemente un porcentaje de los ingresos (entre 10% y 20%). Si no se alcanza este nivel, como primer paso lo que hay que hacer es no endeudarse más. El segundo paso es recortar gastos en actividades como la recreación o las vacaciones, lo que mejorará las posibilidades de cubrir los compromisos de crédito y aumentará la capacidad de ahorro o de pago. REGRESAR |
| Fecha publicada: 21/04/2008 Fuente: El Nacional Tema: economia
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